jueves, 7 de enero de 2016

Vargas Lleras termina 2015 volando


Vargas le entrega la escritura de su casa a Adriano y su familia en Tame, Arauca. Fotos: Vicepresidencia

La última y única vez que había montado con Germán Vargas Lleras en un avión, el Vicepresidente fumó en el black hawk, contrariando la insistente solicitud del capitán. Por eso, volver a volar con él, no parecía un gran plan. Pero Germán Vargas Lleras fue sin duda el personaje público que más poder acumuló en el 2015 y era la única oportunidad para lograr una entrevista con él.

Con un partido que demostró poco pudor para realizar alianzas con grupos políticos cuestionados como el de la Gata en Magangué o el que apoyó a Kiko Gómez en la Guajira, Vargas –ya con una maquinaria política propia y potente- se convirtió en este año en el candidato presidencial a vencer y en la figura alrededor o en contra de la cual se están haciendo las grandes movidas del poder político.

Tame


Vargas entrevista a las mujeres a las que les entrega la escritura de una de las 100 mil casas gratis que ha entregado.


Vargas en Villavicencio firma un contrato de una de las vías.

El Vicepresidente usa el avión de la Fuerza Aérea en el que viajamos, su oficina realmente, cuando no lo requiere el Presidente para aterrizar en pistas más pequeñas; cuando no lo necesita ‘Tutina’; o cuando los negociadores con las Farc no tienen que viajar a la Habana. En ese orden.

Pero ya empezadas las novenas, el único que sigue trabajando como un demente es él. Demente porque a pesar de que tan solo hace unas semanas le diagnosticaron un tumor benigno en el cerebro y le recomendaron bajarle el ritmo al trabajo, ese día teníamos programado viajar a Tame, Arauca, San José del Guaviare y Villavicencio. Una maratón. Que él viene repitiendo este año tres o cuatro veces a la semana.

Me habían dicho que Vargas le tenía miedo al avión. Si es así no se le notó. Desde el instante en que despegamos hasta que aterrizamos a las 9 y pico de la noche, el Vicepresidente nunca paró de trabajar. 

Cuando miraba por la ventana, era para explicarme lo que había hecho o iba a hacer: la torre de control de El Dorado que este gobierno modernizó; la nueva pista que se está construyendo; las que van a quedar habilitadas en cinco años para 40 millones de viajes.

Desde el aire, Germán Vargas Lleras no ve las selvas tupidas o las montañas imponentes. Él ve las 27 grandes concesiones que puso en marcha, los 51 aeropuertos que están en construcción o remodelación, las autopistas 4G que conectarán medio país, los túneles y los puentes que parirarán los cientos de contratos que supervisó durante este año. Inversiones que superan los 70 billones de pesos. Cuando él mira por la ventana, Vargas ve el reflejo de sí mismo.

“Será otro país”, me dice, cuando le pregunto por el impacto que tendrán las vías 4G. “Para que se forme una idea”, me dice. “Según el Banco Mundial, Colombia ocupa el número 18 en infraestructura en el continente. Solo están peor Guyana, Haití, Cuba y Bolivia. Cuando esto termine, pasaremos a estar de terceros, solo superados por Brasil y México”.

¿Estarémos mejor que Chile?, le pregunto.

“Mejor que Chile. Para haber sido hecho en un lapso tan corto será un gran logro. El país va a tener mayor competitividad, menores costos logísticos, condiciones viales más seguras. Y lo más importante, vamos a integrar el territorio nacional”.

Me acordé de una anécdota que contaba Joaquín Villalobos, el ex jefe guerrillero del Fmln en El Salvador. Decía que nada les había hecho mayor daño a su causa revolucionaria y nada los había debilitado tanto como cuando el Gobierno hizo una gran autopista que les dividió su retaguardia en dos y conectó medio país. Pensé decírselo, pero él no estaba en ánimo de conversar.El día es perfecto para volar, el cielo totalmente azul.

Arauca

Vargas revisa un folder con las fichas de todos los proyectos de Tame, y otra en la que están escritas con unas letras gigantes el listado de cosas que habían quedado pendientes de la última vez que había estado allí. Compara ambas informaciones y va tachando lo que ya está hecho y haciendo anotaciones al margen.

Le pregunta al delegado del Invías por el estado de dos vías que aparecen retrasadas. El delegado titubea. Dice que la obra está muy avanzada. Vargas lo confronta: en sus fichas aparece que la que está a cargo del Ejército va rezagada, con menos del 40 por ciento de ejecución. El delegado intenta de nuevo. Vargas se ratifica. El delegado se rinde: no sabe el estado de dos proyectos de Arauca.

“¿No sabe?”, le pregunta Vargas subiendo la voz y arrancando la página con fuerza. Es un movimiento tan agresivo, que yo me sobresalto. “¿Es que entonces viene de paseo?”, le pregunta.

El delegado acusa el vaciadón. Promete tener los datos apenas aterricemos.

“Es que si no es con apremios y con rejo, no se hace nada en este país. Por eso es que uno tiene que andar puto”, dice Vargas, visiblemente alterado.

Le toca el exámen, entonces, a Luis Felipe Henao. El Ministro de Vivienda lleva trabajando con Vargas desde los 23 años, uno más de los jóvenes políticos prometedores que se han hecho a la sombra del Vicepresidente y que lo aprecian y defienden aunque Vargas rara vez los felicite por algo.

Supongo que porque ya lo conoce, Henao tiene todos los detalles en unas fichas blancas, marcadas con post it de diferentes colores. Incorchable.

En el carro vía al evento, le pregunta al gobernador de Arauca que nos ha recogido sobre el orígen político de su sucesor y del nuevo alcalde. Son fruto de una alianza entre Cambio Radical y de la U. Vargas parecía desconocerlo.

Cuando unos días después le cuento a dos colegas suyos de gabiente que eso me había sorprendido, ambos se ríen. “Es imposible”, me dijo uno de ellos. “Vargas sabe hasta los concejales de Cambio Radical del pueblo más ínfimo de Colombia”.

En todo caso, cuando llegamos a la urbanización de cien casas que iba a entregar ese día, tenía todo el mapa político en la cabeza y se había transformado. Entró en escena el Vargas político y carismático.

El primer beneficiario es un hombre desdentado de unos 40 y pico años. Se llama Adriano.

“A ver, papá, apúrele”, le dice el Vicepresidente, con micrófono en mano, y provocando carcajadas entre los asistentes. Adriano, su esposa y cuatro hijos y un nieto suben al escenario, perplejos.

Vargas los entrevista.

-¿Cuánto pagan de arriendo?

100 mil pesos.

- ¿Qué tal es la casa donde viven?

“No tan bonita ni tan fea. Piso regular, techo regular”, responde Adriano. Es jornalero, gana 25 mil pesos el día, trabaja de lunes a viernes. Ella cuida los niños.

Vargas pone en escena un pequeño performance con Henao, que se repiría luego en otras entregas:

"Con ese sueldo, ministro, Adriano no podría hacer ahorro programado”, dice. “Esta es la única oportunidad de tener casa propia”.

Vargas cuenta que la política anterior de vivienda exigía a una persona de salario mínimo 14 años de ahorro programado para comprar una cosa.

“Por eso nunca, NUNCA, un colombiano de salario mínimo podía acceder a este programa. Deambulaba con su carta cheque de un lado para otro”.

“Muchas gracias al señor presidente de la República”, dice Adriano, y continuá: “y gracias a (titubea mirandolo)… quien? Al señor vicepresidente”.

‘Ese soy yo”, dice Vargas. El auditorio se ríe.

Vargas explica que le gusta siempre recoger unos testimonios para constatar que no hubo interferencia, ni politiquería, ni corrupción para encontrar los beneficiarios de las casas. Los elegidos salen de un sorteo hecho por Red Unidos.

Luego le dice al Alcalde, usando la tercera persona de los que saben mandar:

“Alcalde, ¿podemos poner una volqueta para que se trasteen todos hoy mismo?”. El alcalde dice que sí. Luego, se dirige al constructor: “No se va a bajar el constructor de un detalle? ¿Un bono de electrodoméstico? Un televisor. Es que las veo como dormidas a las beneficiarias”. Todas aplauden felices. Ante la presión, el constructor ofrece un televisor plasma de 90 pulgadas como había sugerido Vargas.

Se la gana José Héctor Moreno, que vive con sus dos hijos y señora en Corocito, en una “casetica de madera, piso de tabla, techo de zinc”, según le cuentan al Vicepresidente.

Antes de despedirse, anuncia que el Ministro de Comunicaciones David Luna (quien a pesar de ser liberal ahora es de la cuerda de Vargas) le ha confirmado que pondrá Internet y donará computadores para los beneficiarios de todas las 100 mil casas.

Hay euforia. “Es increíble, el internet les da más ilusión que la casa”, dice Vargas, un poco defraudado.

Otros tres beneficiarios reciben sus escrituras con entrevista incluida y luego Vargas dice que nos tenemos que ir porque otros 500 colombianos esperan sus casas en Arauca.

En el avión, Vargas le pregunta al delegado del Invías sí ya tiene la información que le pidió. No la tiene. Es que en Tame no entra el celular (otra tarea para el Mintic).

En Arauca los beneficiarios de los 640 apartamentos están ansiosos esperando nuestra llegada. Mientras la animadora anuncia la entrada de Vargas, en medio de los aplausos, aprovecho para conocer el apartamento modelo. Es muy bueno: dos habitaciones, cocina, lavadero, techos altos. Henao luego dice que cuestan unos 43 millones de pesos (“es como meter plata en la alcancía”, les dice).

La visita tiene un propósito doble. Por un lado, el Vicepresidente quiere firmar el contrato por 55 mil millones de pesos para la carretera Tame-Arauca. La licitación la ganó la firma Hidalgo-Hidalgo, y allí está presente el delegado del consorcio. También termina entrevistado.

- ¿Cuándo arranca la obra?

El 15 de enero.

- ¿Cuántos empleos directos va a generar la obra?

300.

-¿De gente de Arauca?

El 90 por ciento.

Vargas le dice que estará verificando la obra. “No nos vaya a quedar como el responsable del aeropuerto de Arauca”, le dice. “El contratista va retrasado y ya le notificamos las primeras sanciones”.

Cuenta que ha ejecutado solo el 28 por ciento de la obra y amenaza con quitarle la obra. En este caso no dice públicamente su nombre, pero en las siguientes ciudades sí pone en evidencia a los contratistas incumplidos.

Le pregunto al funcionario que está al lado mío si cree que esa estrategia funciona. “Todo el mundo le teme, me dice. Porque comple casi todo lo que dice. Si amenaza lo cumple”.

Elogios públicos y humillaciones privadas, la receta del liderazgo efectivo en Colombia.

Vargas viajó durante todo el año por el país firmando este tipo de contratos. Ninguno de estos eventos era indispensable. Porque la verdad es que Vargas, como Vicepresidente, carece de competencia para ordenar gasto y él firma esos contrato como testigo. Hasta antes de su llegada, esos contratos los firmaba el director del Invías en una reunión en su oficina.

Pero Vargas, que tiene un estilo de microgerencia muy similar al de Álvaro Uribe, es un convencido de la importancia del contacto personal.

“Si uno no está encima verificando que se hagan las obras y se limita a recibir informes es imposible garantizar la buena ejecución de las mismas”, me dijo el Vicepresidente cuando le pregunté si esos eventos eran necesarios.

Vargas delega en el alcalde, en el comandante del Ejército, y en Henao la entrega de algunas escrituras, y la consabida entrevista a los beneficiarios. Luego agradece al notario porque “si no fuera por él, que lo hizo gratis, ustedes tendrían que haber pagado dos millones de pesos por la escritura”.

La última casa que entrega allá es a una mujer, madre soltera de dos niños. Vargas la entrevista.

-¿Marido?

No hay

-¿Se voló?

Sí. (risas en el auditorio)

-¿No volverá si sabe que es propietaria de este bello apartamento?

Que no vuelva, porque es mío.

Menos de una hora después, estamos de nuevo en el avión.

San José del Guaviare

El vuelo a San José del Guaviare dura una hora, una hora en la que Vargas saca otra vez su folder y su hoja en blanco marcada con letra gigante y repite el ritual de verificar el estado de los compromisos. Los de Arauca los pasa a limpio en su Ipad.

También aprovecha para hablar con el representante de El Guaviare, que es del partido de la U. Se ve feliz de estar tan cerca del Vicepresidente y no pierde oportunidad de pedirle cosas para su pueblo. Unos cuántos kilómetros más para la vía cuyo diseño va a inaugurar el Vicepresidente ese día que conectará a San Vicente del Caguán con el Guaviare.

“Celebremos que en medio del recorte fiscal se puede hacer esta obra”, le dice Vargas. “A mí no me salga con lista de mercado. Es que uno siempre sale debiendo”.

La presencia del Estado en una región como el Guaviare es tan ínfima que nadie quiere desaprovechar la venida del Vicepresidente. El Gobernador y el Alcalde le piden los mismos kilómetros por los que ya ha intercedido el Representante, y algunas cosas más.

Las 100 mil casas gratis que terminó de entregar este año el gobierno habían costado para 2012, segúnel Presidente Santos, 6 billones de pesos, y cubierto menos del 10 por ciento del déficit habitacional del país. Un programa populista, según sus críticos, y enormemente rentable políticamente.

Pero, para mucha gente en el Guaviare, sobre todo víctimas de la guerra que son las principales beneficiarias de las casas, una de las pocas muestras concretas de que el Estado a veces se puede poner de su lado.

La ceremonia de la firma del contrato dura lo suficiente para el clip que saldrá en los medios. El aeropuerto del Guaviare carece de luces y tenemos que despegar antes de que anochezca. Todavía nos falta la aparición en Villavicencio.

Antes de irnos, le pregunto al alcalde alcalde electo de El Retorno si sirve que el Vicepresidente haga ese tipo de presencia.

“Claro”, me responde como asombrado por la estúpidez de la pregunta. “Que venga el Vicepresidente en carne propia le da a uno mucha moral”.

Moral, como la moral de los soldados?, le pregunto.

“Sí, de respaldo. Es que uno vive aquí muy olvidado del nivel central. Si vino el Vicepresidente, la obra se tiene que hacer. Además, porque seguramente será el Presidente en dos años”

Villavicencio

La escena se repite en el avión, esta vez con las fichas de Villavicencio. El Vicepresidente está cansado. Todos lo estamos.

Le vuelve a preguntar al representante del Guaviare sobre el gobernador. Ya había preguntado lo mismo antes, y la respuesta era poco olvidable: al gobernador del Guaviare le dicen ‘compra mundos’ porque va comprando tierra por donde viaja y porque es un hombre de 80 años que fundó el departamento y que en palabras del representante es “muy bondadoso”.

“Es que esta droga me tiene ahuevado”, dice el Vicepresidente. El enfermero se acerca y le dice que es hora de tomar el medicamento.

Vargas está tenso todo el tiempo. Incluso cuando lee el periódico parece trabajando. En el trayecto, miró cinco ediciones de El Siglo. Escanea las páginas y las pasa con método. Me cuenta que todas las mañanas se lee El Tiempo, El Espectador, la República, Portafolio y El Siglo con dos cafés. “Muy enchapado a la antigua, no?”, me pregunta1.

El representante del Guaviare vuelve y le pregunta si habrá alguna opción para alargar la vía que están haciendo en el departamento. Vargas aprovecha para echar su puya. “Dígale al ministro de Hacienda, porque yo ya no tengo más plata”, dice (es verdad, Vargas ya se gastó la plata del 2016 y el 2017).

“Él va al Congreso y dice hay que recortarle el presupuesto a Vargas y ustedes aplauden. Bueno, pues entonces pidanle la plata al Ministro”.

Vargas tiene una rivalidad con Mauricio Cárdenas, el ministro de Hacienda que aspira a convertirse en su rival en el 2018 por el partido Conservador y la U.

Le pregunto si siente que su cartera sufrió de manera desproporcionada el ajuste fiscal. “No nos afectó concesiones pero sí el programa de obra pública”, me dice. “Era de 10 billones, terminamos ejecutando seis”.

En Villavicencio, Vargas entregó 932 apartamentos y firmó los estudios de la vía de la Altillanura.

El show se repite. Pregunta a cuántas mujeres se les voló el marido (a casi todas). Pregunta sobre la casa que dejan y la felicidad que sienten de recibir una nueva.

El ministro Henao explica cómo “la única forma de construir la paz es con hechos reales para ayudar a la gente a salir de la pobreza. Un verdadero hecho de paz es que pueda haber estas vías”.

Vargas no menciona la paz. Le pregunto en el avión, ya de vuelta, cuál es su verdadera posición frente a la Habana.

“Lo he convertido en regla de oro: no opino del proceso de paz. Pero tampoco de otros asuntos que no me fueron delegados”, dice.

¿Es cierto que va a renunciar antes de que le toque?, le pregunto. Quedan pocos minutos para aterrizar en Bogotá y finalmente accede a darme la entrevista.

“No. Es más, no se si lo haga”, me dice. Pero agrega: “Sí me parece inadecuada la inhabilidad sobreviviente. Me medí como vicepresidente con unas reglas de juego y el cambio en la ley de equilibrio de poderes se hizo con nombre propio. Eso viola cualquier principio.”

Pero sí va a ser candidato para el 2018, le digo.

"No he tomado la decisión. Tengo un compromiso muy grande con el país. No hay nada más gratificante que las tareas que tengo a mi cargo. Quienes creen que ando obsesionado con ser presidente, que pierdan cuidado."

¿No lo trasnocha ser presidente?

"Para nada. Eso dijeron hace 5 años y hace 4 y hace tres. años Lo que no puedo es estar gastado mi tiempo en controversias estériles de pura politiquería."

¿Se refiere a la controversia con Roy y Serpa?

"Son controversias tan poco productivas."

¿Parece que en todo caso la reunificación liberal ya no se dio?

"Hace ya un tiempo que no se habla de eso. No olvide que muchos nos separamos del partido cuando se nos convino a apoyar la segunda candidatura de Serpa a la Presidencia de la República. Han pasado 14 años desde entonces y en el liberalismo parece que nada haya ocurrido. Tantos años después y siguen bajo las orientaciones de Serpa. Generando las mismas polémicas y controversias que dieron orígen a la gran división y la ruptura que provocó en el liberalismo desde entonces.”

Es un sablazo premeditado a Serpa y yo lo entiendo como un titular que me quiere dar. Conoce la avidez que tenemos los periodistas por albergar una pelea.

¿Se está acercando a uribe

"Estoy tan alejado de la política, me dice el hombre que la desestabilizó en el 2018. Para que lo tenga presente: hace siete años no hablo con el presidente Uribe. La última vez que nos vimos fue en el aniversario del centenario de Carlos Lleras Restrepo."

Le digo que es paradójico que al mismo tiempo que le ha arrebatado a los políticos la corrupción asociada a las licitaciones de obras, le haya dado fuerza a clanes políticos tan cuestionados en las pasadas elecciones.

“El éxito de estos programas ha sido la modalidad de contratación. Casa entregada, casa pagada. Eliminamos los anticipos”, me dice. “Le arrebatamos esta caja menor a la corrupción y a la politiquería. Eso es parte de los buenos resultados.”

Al mismo tiempo hizo alianzas con políticos muy cuestionados, insisto

“No puedo responder por todas las actuaciones del partido. Ni estuve en la dirección del partido. Tampoco me deslindo de la responsabilidad de las decisiones que se tomaron. Ahora el desafío es demostrar que las preocupaciones eran infundadas”.

Por último, y dado que en pocas semanas será operado del tumor en la cabeza –una cirujía que parece de poco riesgo pero que se ha convertido en el tema de moda en los corrillos políticos- le pregunto si es prudente seguir trabajando a ese ritmo a pesar de la recomendación médica.

La pregunta le ofusca un poco: “Ese desmayo no tiene nada que ver con el ritmo de trabajo. Sí tengo un tumor que me voy a operar en enero, y que ocasionó la convulsión. Pero nada tiene que ver con el ritmo de trabajo. Por supuesto que no.”

Al día siguiente tiene programado un viaje similar a Cali, Buenaventura y otros municipios del Valle. Y un par de días después, a Santander.

“Quiero dejar todo listo antes de la operación”, me dice. 

Ya en Bogotá, se monta en la camioneta que lo recoje, y antes de hacerlo le pide a Henao que lo acompañe para la última reunión de trabajo. Son las 9.30 p.m.

El alemán que descubrió San Agustín y se robó 21 estatuas

El arqueólogo alemán Konrad Theodore Preuss cargó con los dioses hasta Berlín donde permanecen sin que los colombianos los hayan podido conocer

Por: Vicente Silva Vargas | enero 06, 2016

En 1914 el alemán Konrad Theodor Preuss empacó con cuidado un cargamento de estatuas de piedra halladas durante sus exploraciones en fincas del caserío de San Agustín y sin avisarle a nadie, lo envió a lomo de mula y a hombros de indígenas hasta Neiva para embarcarlo por el río Magdalena, guardarlo en una finca de Cundinamarca y llevarlo más adelante hasta Europa.

Quince años después de sus excavaciones, el etnólogo y antropólogo ―conocido como el primer científico que investigó la llamada cultura de San Agustín― admitió en su libro Arte monumental prehistórico que tuvo «dificultades sin cuento» para sacar varias «cargas» de esculturas, moldes de estatuas e infinidad de objetos de cerámica y utensilios de piedra empleados por los escultores. La sola mención de «varios quintales» ―medida de peso equivalente a cien kilogramos― indica que el cargamento pudo llegar a una tonelada.

Transcurrido un siglo, no se ha podido precisar cuántas estatuas salieron de su lugar natural para dormir el sueño del olvido en el Museo Etnológico de Berlín en donde hoy reposan junto a piezas de otras culturas. La confusión la creó el propio investigador quien nunca reveló cuántas obras sacó subrepticiamente de Colombia ni en qué momento lo hizo. Primero, en una carta del 31 de enero de 1914 ―dos meses antes de dejar a San Agustín― dijo que una de las figuras pequeñas halladas «ya se empacó para Berlín», situación que da para pensar que hubo un envío inicial. En su libro, sin mencionar números, relató con desfachatez que el 18 de febrero de ese año una recua de mulas llevó a Neiva «mi primer cargamento de antigüedades indígenas…» Más adelante indicó que en abril, al concluir su exploración de tres meses y medio, sus hombres llevaron otras obras hasta la capital del Huila, pero tampoco citó cantidades. A renglón seguido, por una sola vez, señaló que catorce estatuas pequeñas fueron movilizadas entre el Alto de las Piedras, San Agustín y Pitalito, por «peones de fuerza hercúlea». Se presume, entonces, que de Uyumbe, Isnos, Laboyos y otras regiones salieron por lo menos dos cargamentos con más de catorce esculturas empacadas en cajones de madera.


Estatuas encontradas por Preuss en San Agustìn

La primera duda legal sobre el volumen del cargamento que salió de Colombia tan pronto terminó la I Guerra Mundial (1914-1918), surgió en septiembre de 1915 cuando José María Burbano, corregidor de San Agustín, denunció ante el director del Museo Nacional, Ernesto Restrepo Tirado, que Preuss se llevó varias figuras de la Hacienda Laboyos e Isnos. De la primera sacó varias estatuas pequeñas y del segundo lugar, junto con otras de menor tamaño, tomó por lo menos dos esculturas que podrían pesar ocho arrobas cada una. No obstante, para algunos los expertos no fueron unas cuantas estatuas ni catorce sino muchas más. Pablo Gamboa, antropólogo conocedor de la estatuaria, señala que eran «23 pequeñas estatuas». David Dellenback, un estadounidense residenciado hace 30 años en San Agustín, líder de la campaña para repatriar estos bienes culturales, afirma que son 21. Este número fue confirmado por el profesor Hermann Parzinger, presidente de la Fundación de Herencia Prusiana, entidad que administra el Museo Etnológico de Berlín, en carta enviada a Dellenback el pasado tres de junio. En efecto, en el portal electrónico del museo aparecen, a todo color, las 21 obras agustinianas y otros 237 elementos de la región como vasijas, adornos, piedras, lajas, trozos de esculturas y fragmentos de utensilios. Varias de las figuras talladas, como aparece en el libro de Preuss y se puede verificar por la ficha técnica existente en el museo, no son pequeños adornos para una mesa de sala, sino obras de considerable peso y tamaño.

K. Th. Preuss fue uno de los primeros hombres dedicados a la etnología, una ciencia poco conocida entonces y como tal, estudió diversas culturas del mundo, entre ellas las tribus cora y huichol de la Sierra Madre Occidental mexicana, con las que convivió entre 1905 y 1907. Es probable que su interés por San Agustín haya surgido al conocer en Berlín los estudios y grabados del militar y geógrafo italiano Agustín Codazzi publicados por la Comisión Corográfica (1850-1862) y el libro Prehistoria y viajes americanos, estudios arqueológicos y etnográficos (1893), del general y político bogotano Carlos Cuervo Márquez.

Este guerrero de dos metros de altura era el preferido de Preuss

Su expedición al sur de Colombia para tratar de interpretar la naturaleza histórico-religiosa de una cultura monolítica desconocida por el mundo la emprendió a los 44 años de edad. Llegó en septiembre de 1913 a Barranquilla a bordo de un barco y de allí siguió, Magdalena arriba, hasta Honda, La Dorada, Beltrán y Girardot de donde se desvió a Bogotá para obtener «informes indispensables» que en sus escritos no especificó si eran oficiales, por ejemplo, para pedir permiso al Gobierno o reportarse ante su embajada. Lo que sí hizo durante las tres semanas que estuvo en la capital fue comprar provisiones y contratar a Telésforo Gutiérrez, un joven que hizo las veces de cocinero, arriero y baquiano. En Purificación, Tolima, consiguió las mulas y contrató otros peones con quienes recorrió trochas, vadeó ríos crecidos, soportó aguaceros que parecían diluvios y reposó bajo frondosos samanes que lo guarecieron del calcinante sol. En su ameno relato inicial ―muy parecido a una crónica periodística― comenta que durante los catorce días que lo llevaron hasta Neiva, Hobo, Gigante, Altamira, Pitalito y San Agustín, solo encontró chozas aisladas y moradores autóctonos pero no «persona alguna de nación extranjera civilizada».

Al llegar a la región que consideró «excepcional para el estudio de la arqueología y la etnología», su primer gran impacto fueron tres grandes estatuas que halló recostadas entre la yerba en el sitio conocido como Uyumbe. Más adelante, en la plaza del poblado, encontró una fila de otros catorces ‘colosos’ trasladados por los pobladores y le causó curiosidad ver que dos esculturas soportaban columnas de madera de la iglesia. Luego, convencido del arduo trabajo para desarrollar en tan poco tiempo puesto que debía aprovechar la temporada seca diciembre-abril, alquiló una casa grande para utilizar como cuartel general. Ya en el campo, que él consideraba selva virgen debido a la tupida vegetación, el terreno agreste y los árboles monumentales, corroboró que las 34 estatuas dibujadas por Codazzi seis décadas atrás estuvieran allí y las volvió a dibujar.

Primera ediciòn en español del libro de Preuss

Además de la meseta de San Agustín, su visita se extendió a zonas no exploradas como el Alto de los Ídolos, el cerro de La Pelota, el Estrecho del Magdalena, los altos de Las Huacas y Las Piedras, la Ciénaga Chica, Las Moyas, Matanzas, Isnos en donde tomó fotos en blanco y negro de las figuras encontradas por Codazzi y las descubiertas por él. Al mismo tiempo, elaboró moldes utilizando un papel especial, aceite de trementina y barniz copal. Estos dos últimos insumos los sustituyó por almidón de yuca, aquel pegamento que las abuelas del Huila llamaban engrudo. Meses después vació yeso en los moldes para confeccionar réplicas y las llevó a Alemania. Muchas estatuas las encontró a simple vista, otras las halló semienterradas o tapadas por la maleza y una gran cantidad tuvo que desenterrarla. A esas dificultades se sumaron el mal tiempo, las condiciones del terreno, la extensión del área ―seis veces más amplia que la explorada por Codazzi― y las rudimentarias herramientas utilizadas. Además, logró que indígenas y campesinos, a cambio de dinero o algún regalo, le informaran sobre otros entierros y lo acompañaran a buscar estatuas y sarcófagos en lugares apartados donde acampó en condiciones desfavorables, muchas veces atemperadas por serenatas con tiple, guitarra y bandola y en otras, ingiriendo «comida pobre y sencilla» que en una ocasión le ocasionó una diarrea de la cual se curó al tomar una pócima india de limón con una yerba llamada escoba de marrano.

A finales de abril de 1914 el corregidor Gustavo Muñoz y otros habitantes de San Agustín salieron a despedir al investigador que decidió no ir a Neiva con ‘sus’ colecciones ―como las llamaba familiarmente― porque prefirió adentrarse en las sureñas selvas del Caquetá para convivir, entre abril y julio, con indígenas huitotos, coreguajes y tama. Al dejar la zona, como si lo hubiera ofendido, Muñoz le dijo adiós al visitante con una palabra: «¡Perdone!». Según narra el exalcalde de San Agustín, Gabriel Calderón Molina, en su folleto El Centenario del descubrimiento científico de la cultura agustiniana, en aquel abril, el cargamento de estatuas, cerámicas, piedras y moldes de K. Th., fue movilizado por una caravana de 40 bueyes, caballos y mulas que recorrieron todo el Huila, de sur a norte, durante dos meses. Al llegar a Neiva, la cargazón fue embarcada en champanes hasta Girardot y transbordada en tren hasta La Esperanza, un caserío de La Mesa, Cundinamarca, en el centro de Colombia. Escritos posteriores indican que las estatuas y los demás bienes, permanecieron ocultos en ese lugar durante ocho años ―hasta 1922― cuando fueron enviados desde Puerto Colombia, en el Caribe, a Alemania.

Campesinos que trabajaron en la excavación

Al concluir sus vivencias en Caquetá, reflejadas en los dos volúmenes de Religión y mitología de los huitotos (1921), y enterado del estallido de la Gran Guerra, Preuss, que no era arqueólogo, se enrumbó el 28 de julio de 1914 a Briceño e Iscandoy, Nariño, en el Macizo Colombiano, donde hizo otras excavaciones que le permitieron tomar, entre agosto y septiembre, otras catorce estatuas pequeñas. De ellas tampoco hay registros oficiales sobre su adquisición y salida del país aunque sí está confirmado que reposan en el Museo Etnológico de Berlín, según admitió el profesor Parzinger en su carta a Dellenback. Al terminar sus exploraciones en el sur y ante la imposibilidad de regresar a Alemania por el escalamiento de la guerra, Preuss cambió su plan y viajó en noviembre de 1914 a Santa Marta para conocer a los kogui. La organización social, la mitología y la gramática de esta etnia de la Sierra Nevada de Santa Marta, fueron abordadas con sencillez en su elogiado libro Viaje de exploración a los kágaba (1926). En esa zona K. TH también dejó otro rastro negro al llevarse dos máscaras de madera utilizadas por los nativos para sus rituales y que, «al igual que hoy en día, no estaban en venta». La investigadora alemana Manuela Fischer lo dice sin reservas en el portal Miradas alemanas: «Preuss aprovechó una disputa por cuestiones de herencia entre dos sacerdotes indígenas para poder adquirirlas». Como las esculturas del sur colombiano, las máscaras reposan en el mencionado museo berlinés.

En 1915, terminada su investigación en el norte, este hombre que además era historiador y geógrafo, trató de embarcarse en un vapor de una compañía bananera que salía de Santa Marta, pero la extensión del conflicto a los mares le impidió otra vez su regreso a Berlín. Ante la frustración de organizar en un gran museo las obras recogidas durante años en diferentes lugares, el profesor no tuvo otra alternativa que refugiarse en La Esperanza donde se dedicó a escribir cartas, redactar artículos para revistas y preparar los tres libros sobre temas colombianos. Solo en 1919, un año después de terminada la guerra con la humillante derrota germana, Preuss pudo volver a su tierra.

Cabeza de un hombre encontrada en el río Jabón, también está en Berlín

La primera edición de Arte monumental prehistórico: excavaciones hechas en el Alto Magdalena y San Agustín (Colombia). Comparación arqueológica con las manifestaciones artísticas de las demás civilizaciones americanas (1929), fue publicada en alemán y estuvo a cargo de Vandenhoek & Ruprecht, una antiquísima editorial ubicada en Göttingen. La versión inicial en castellano, impresa en Bogotá por las Escuelas Salesianas de Tipografía y Fotograbado (1931), fue traducida por el médico antioqueño César Uribe Piedrahíta y el antropólogo austríaco Herman Walde-Waldegg.

Son dos tomos escritos en un lenguaje llano, aunque su autor aclaró que el libro «fue redactado única y exclusivamente según puntos de vista científicos con el fin de fomentar los conocimientos de la arqueología americana». Los cuatro capítulos del primer volumen ―221 páginas― refieren el descubrimiento de las estatuas, los lugares de las excavaciones, las implicaciones etnográficas de los hallazgos y la relación de las figuras con otras culturas. El segundo tomo ―135 páginas― muestra las impactantes fotografías de casi un centenar de esculturas que en palabras de Preuss «son el producto de una fuerza espiritual cuyo poder sorprende [y] domina a quien las mira». En esta parte, también aparecen los moldes y las figuras de otras culturas que podrían tener afinidades con San Agustín.

Curiosamente, Preuss no hace referencia a la presencia del sabio Francisco José de Caldas en la zona hacia 1797 ni se refiere al abanderado José María Espinosa que en 1817 reportó la existencia de «grandes piedras y grabados raros». Sin embargo, le reconoce gran mérito a Codazzi, de quien dice fue «el primer descubridor de este adoratorio». Aunque citó a otros europeos que estuvieron en la región entre 1869 y 1911, desestimó sus trabajos por superficiales y sin ninguna modestia afirmó que antes de sus excavaciones nadie hizo una auténtica exploración científica de ese «mundo nuevo, desconocido e impregnado de exquisita poesía».

Su circulación estuvo limitada a 200 ejemplares numerados y autografiados por Walde-Waldegg. El primero se le envió al papa Pío XI, el segundo al rey de Hungría, Otto I y el tercero al presidente Enrique Olaya Herrera. Entre otras personalidades, se remitieron libros al príncipe alemán Karl Schöenburg-Harttenstein, el conde germano Alfonso de Kinsky, el barón sueco Erlan Nordenskioeld y los empresarios alemanes Leopoldo Kopp, fundador de Bavaria y Heinz Schwanhauser, representante de Bayer. Asimismo, lo recibieron políticos como Jorge Eliécer Gaitán, Mariano Ospina Pérez, Luis Cano, Silvio Villegas, Carlos Arango Vélez, Luis Ignacio Andrade, Max Duque Gómez y Tulio Rubiano y reconocidos académicos como el director de la Biblioteca Nacional, Daniel Samper Ortega, el director del Museo Nacional, Gerardo Arrubla y el historiador Jesús María Henao. Además, el tiraje alcanzó para embajadas, mandos militares, jerarcas de la Iglesia católica e instituciones como la Academia de Historia, el Colegio Mayor del Rosario, la Escuela Normal de Tunja, el Seminario Mayor de Bogotá, el Colegio Alemán, el Instituto Bíblico Pontificio de Roma y el Smithsonian Institution, en Washington.

En 1974 la Dirección de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional de Colombia publicó la tercera y última edición conocida en la que se incluyeron notas del crítico de arte Eugenio Barney Cabrera y el antropólogo Pablo Gamboa.

No hay duda de que las 21 estatuas de San Agustín y las catorce del Macizo Colombiano fueron sacadas irregularmente del país por Preuss quien siempre asumió, según se deduce de sus escritos, que las esculturas eran suyas ya fuera porque las halló, no tenían dueño o las compró (p. 78, t. 1). Así lo señaló en su libro: ‘mis colecciones’, ‘mis queridos gigantes’, ‘mis modestos yesos y originales’, ‘mi primer cargamento’, etc. El propio etnólogo, en lo que puede considerarse una confesión, escribió (p. 23, t. 1): «Terminada la guerra mundial, logré al fin, después de una permanencia de casi seis años en Colombia, volver a Alemania a fines de 1919; pero la posibilidad de transportar mis colecciones excavadas en los años 1913/14, era aún muy remota».

Es claro que siempre tuvo la idea de llevar ‘sus’ estatuas y que el único impedimento para llevarlas a Europa fue el conflicto bélico. Esta apreciación se colige de la carta dirigida a Dellenback por Parzinger: «…Preuss exportó las 21 estatuas de San Agustín y las 14 estatuas del Departamento de Nariño». Este eminente profesor agrega que «los objetos exportados por Preuss fueron inventariados en Berlín y presentados en la exhibición permanente del actual Museo Etnológico». Parodiando el legendario paseo de Rafael Escalona, La custodia de Badillo, es claro que «Se las llevaron, se las llevaron, se las llevaron, ya se perdieron» y que cuando se dice que Preuss las ‘exportó’, se está recurriendo a un eufemismo para no decir que fueron sacadas de manera nada ortodoxa por quien se jactaba de ser el primero en estudiar científicamente una cultura de inmensa importancia para la historia de América.

El malestar por las estatuas que están en Berlín no obedece a la polémica surgida en los últimos meses por la celebración de los cien años del inicio de las investigaciones arqueológicas. Al contrario, desde los días del hallazgo, muchos personajes han señalado que a la par del formidable trabajo académico, hubo un descarado despojo digno de un ‘guaquero ilustrado’ ―como lo señaló una lectora de este blog― o al menos, una conducta grotesca que perjudicó el patrimonio nacional y que ningún gobierno ha enfrentado con determinación. Además de la carta en la que el corregidor Burbano denunció las maniobras del investigador, negó la existencia de permisos y dudó de la propiedad de las estatuas por parte de los dueños de los predios donde hubo excavaciones, un oficio del ministro de Instrucción Pública, Emilio Ferrero, ratificó en 1915 la preocupación. El funcionario afirmó: «…en este Despacho se adelantan todas las diligencias correspondientes para evitar las irregularidades denunciadas en relación con la venta de las estatuas…» Poco después, el Congreso aprobó las primeras normas, muy tímidas, sobre patrimonio, bellas artes y archivos (Leyes 48/1918, 119/1919 y 47/1920).

Sin embargo, la denuncia más contundente sobre lo que muchos consideran un saqueo, la hicieron los traductores de Arte monumental prehistórico 18 años después de la llegada de Preuss. Esto escribieron Uribe Piedrahíta y Walde-Waldegg en una nota a pie de página: «Es inexplicable que el Gobierno hubiera permitido la salida de estos objetos de arte. En cualquier otra parte del mundo, no sólo se habría impedido la exportación de los originales, sino que además se habría exigido algo para nuestro museo en cambio de la copia en moldes». (P. 23, t. 1).

Hombre con cincel, también se encuentra en Berlín

En su libro La escultura en la sociedad agustiniana (1982), Pablo Gamboa es menos drástico pero confirma que el etnólogo, «con el material que había traído, consistente en 23 pequeñas esculturas que pudo transportar fácilmente…» organizó en el Museo de Artes y Oficios de Berlín, en 1923, la primera exposición que mostró al mundo la estatuaria.

David Dellenback, quien viajó a Berlín para contrastar las imágenes existentes en el Museo Etnológico con las existentes en el libro y, de paso, verificar la existencia de las esculturas de Nariño, es categórico en acusar a Preuss: «El hecho de que fuera antropólogo o arqueólogo no le daba ningún derecho para sacar ilegalmente las estatuas. Todo lo que hizo, según consta en su propio libro y en testimonios, me permite concluir que él cometió un robo al cual no se le puede llamar de otra manera».

Para el expresidente de la Academia de Historia del Huila, Reynel Salas Vargas, Preuss «no solo ignoró al Gobierno sino que abusó de su condición de científico, impuso sus condiciones como si fuera un colonizador y se valió de la proverbial genuflexión de los huilenses ante los extranjeros para apoderarse de bienes valiosos que él bien sabía no eran de particulares». Raúl Rivera Cortés, diputado a la Asamblea y exsecretario de Cultura del Huila, sostiene que la visita de Preuss «generó toda una cadena de saqueos y por su presencia llegaron otros saqueadores que al llevarse una estatua o un vestigio, desmembraron páginas completas de la historia que nunca podrán ser reparadas porque fueron labradas a lo largo de miles de años». La periodista Rosario Fernández Aljure ―una de las principales impulsoras de la declaratoria de San Agustín e Isnos como Patrimonio de la Humanidad― sostiene, sin ahondar en la violación o no de la ley por parte del germano, que «su comportamiento fue indelicado, poco transparente y contrario a la ética que debían practicar científicos de su talla».

Determinar si K. Th. Preuss robó las estatuas, si fue abusivo o actuó movido por un interés noble, es un ejercicio que involucra aspectos legales, culturales y sociológicos. No debe desconocerse que el país de hace un siglo es completamente distinto al de hoy y que en ese entonces el tráfico de antigüedades era una práctica común en países como Alemania, Inglaterra y Francia. Por tanto, los testimonios de hace muchos años y las opiniones de personajes actuales que dejan muy mal parado al etnólogo, deben contrastarse con la mirada de expertos ya fallecidos o actualmente vigentes y del mismo Gobierno.

Luis Duque Gómez, prestigioso arqueólogo colombiano que por años vivió en la zona arqueológica, no condenaba ni absolvía al científico. En un artículo de Historia general del Huila (tomo 1), sostuvo: «A Preuss y otros viajeros extranjeros les fue fácil sacar estatuas y otros objetos arqueológicos de San Agustín, pues en la época en que visitaron la zona todavía no existía una legislación que amparara la defensa del patrimonio histórico y artístico del país».

El exalcalde Calderón Molina también considera que no hubo abusos del alemán por dos razones: «Primero, llevar piezas arqueológicas de San Agustín o de cualquiera otro lugar, no era en ese tiempo una novedad ni se le consideraba un atropello al patrimonio cultural. Segundo, no existía una conciencia pública sobre el valor de las mismas ni existían leyes que expresamente lo impidieran». En idéntico sentido se pronunció el arqueólogo Héctor Llanos Vargas, autor del libro Los jaguares chamanes de San Agustín: «Hay que ver a Preuss en su contexto histórico, él no era un saqueador». (El Tiempo, 23.01.2013).

Carlos Alirio Esquivel, presidente de la Asamblea del Huila, también justificó la actuación del etnólogo: «Así como él sacó estatuas ―con anuencia o no del gobierno― otros también lo hicieron, pero eso se debió a que no había las prohibiciones legales que solo surgieron muchos años después». Por su parte, Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia ―Icanh― estimó que aunque Preuss hizo moldes en yeso «y se llevó unas estatuas porque no había protección de ese patrimonio», su presencia en San Agustín «no es la historia de un señor que vino a saquear».

Luis Armando Soto Boutín, director de Asuntos Culturales de la Cancillería y Olga Lucía Rivera Díaz, jefe de la Oficina Jurídica del Icanh, coinciden con otros especialistas en señalar que el explorador no infringió la ley. En respuesta a un derecho de petición enviado por el autor de este reportaje, los ministerios de Relaciones Exteriores y Cultura (representado por el Icanh), indicaron: «…para la fecha de las excavaciones realizadas por Preuss y la sustracción de las piezas del país, dichas actividades no se configuraban como delitos en el ordenamiento penal colombiano».

Ante la inexistencia de la norma expresa que sancionara la apropiación irregular de bienes arqueológicos, teniendo en cuenta que los predios en los que se hicieron las excavaciones eran de particulares, es válido preguntar si se violó o no el Código Penal de entonces (Ley 19 de 1890). En particular, el artículo 771: «Comete robo el que quita o toma lo ajeno con violencia o con fuerza y ánimo de apropiarse». O el 792: «Comete hurto el que quita o toma lo ajeno fraudulentamente, con ánimo de apropiárselo, sin fuerza ni violencia…» O el 800: «El que retenga la cosa ajena que se ha encontrado, sabiendo quién es el dueño, o que no sabiéndolo no dé cuenta a la autoridad…» O el 904: «El que sin fuerza ni violencia, pero sin el consentimiento del dueño de una cosa, se apoderare de ella, a sabiendas y maliciosamente, no para apropiársela, sino para servirse de ella…» O el 906: «Si el que ha usado de la cosa, la enajenare o rehusare devolverla al dueño…»

El penalista Raúl Eduardo Sánchez estima que si se intenta un ejercicio jurídico sobre la conducta de Preuss con base en las normas penales de hace un siglo, habría que tener en cuenta el ingrediente subjetivo de tipo penal, es decir, si él tuvo ‘ánimo de apropiarse de una cosa’. Para este catedrático de la Universidad del Rosario, «es difícil establecer si hubo ese deseo porque, al parecer, él quería exhibir su obra y sentir orgullo de su descubrimiento y no apropiarse de una cosa. Por tanto, debido a la imposibilidad de establecer un dolo penal por faltar el ánimo y el uso de la violencia y ante la falta de una legislación aplicable en la materia, se podría invocar el principio in dubio pro reo (la duda favorece al procesado) y por falta de pruebas, en sentido hipotético, Preuss podría ser absuelto».

Además de su conducta frente a la ley penal, también es cuestionable su comportamiento ético. Un ensayo de la antropóloga Paulina Alcocer publicado en la revista Artes de México (núm. 85), demuestra que el etnólogo, respetado por su elogiado trabajo en tierras nayaritas, allá actuó de manera muy diferente a la época en que vivió en San Agustín, se internó en selvas del Caquetá y estudió a los koguis. El documento, titulado Konrad Theodor Preuss, revela que su expedición a la Sierra Madre Occidental para estudiar a los indígenas cora y huichol, inicialmente pretendía conseguir objetos para el Museo Etnológico de Berlín que no poseía «ningún material arqueológico ni etnológico proveniente de ahí». Más adelante, la historiadora mexicana revela que «Los objetos arqueológicos iban a transportarse ilegalmente a Berlín y a enriquecer las colecciones ya mundialmente famosas del Museo Real de Etnología de Prusia», pero que Preuss no obedeció la orden de su jefe en Berlín de llevar material arqueológico y «Decidió respetar la legislación mexicana que, ya entonces, prohibía la exportación de antigüedades…»

Resulta evidente que el doctor y profesor K. Th. Preuss ―director del Museo Etnológico de Berlín, miembro de la Real Academia de Ciencias de Ámsterdam e integrante de la Academia de Historia de Quito― fue rigurosamente pulcro entre 1905 y 1907 cuando respetó a rajatabla las leyes mexicanas que impedían el comercio de bienes arqueológicos, pero no actuó con el mismo rigor legal ni con idéntica rectitud en Colombia, seis años después, tal vez porque sabía, como bien lo señalan la Cancillería y el Icanh, que esas actividades no eran delictivas.

Aunque la comparación de testimonios y documentos con la normatividad penal de entonces ―cuya violación contemplaba multas, arresto, prisión o presidio― genera serios interrogantes legales sobre su buen proceder o su mala fe, no hay duda de que la ‘exportación’ irregular de ‘su’ cargamento deja el desagradable sabor de una actitud abusiva, indelicada e irrespetuosa y que, como decía Escalona en su canto, se podría tratar de otro ‘ratero honrado’. Cuento aparte lo constituye la total pasividad ―por no decir silencio cómplice― de las autoridades colombianas que necesariamente debieron enterarse de la pública y notoria presencia de un alemán que vivió seis años en el país y lo atravesó norte a sur y de sur a norte sin que nadie se tomara el trabajo de preguntarle qué estaba haciendo. Esa omisión absurda, que también cumple un siglo, solo se subsanaría si las estatuas vuelven a su tierra y, claro, si Alemania colabora.

Es incuestionable la trascendencia de los estudios etnológicos, sociológicos, antropológicos y arqueológicos realizados por este hombre de ciencia para desentrañar y comprender la vida de importantes culturas precolombinas. Tampoco se puede desdeñar su obsesión intelectual por exhibir en un museo especializado, ante la aristocracia alemana y connotados americanistas, aquellas «… figuras gigantescas en piedra, testigos únicos y mudos de una civilización remotísima y enigmática». Gracias a él, muchos hombres de ciencia y gentes del común, se interesaron por una tierra que borrosamente aparecía en los catálogos culturales de entonces. Transcurrida una centuria, el nombre de este personaje nacido en 1869 y muerto en 1938, es un referente ineludible en el mundo de la etnología y la arqueología.

Los testimonios lo demuestran. Hermann Walde–Waldegg dijo en el proemio de Arte monumental prehistórico que ese libro fue pionero en el país porque trató de manera ‘profunda y científica’ una de las más interesantes culturas americanas. Para el arqueólogo Gregorio Hernández de Alba, ‘la arqueología Colombia se enriqueció con su presencia’. El español José Pérez de Barradas, también arqueólogo, se declaró su admirador y lo calificó de ‘verdadero sabio’. Luis Duque Gómez ponderó su expedición de 1913 y consideró que fue ‘el primer reconocimiento sistemático’ de San Agustín. Pablo Gamboa destacó su análisis sobre la variedad de formas artísticas de las esculturas y Hermann Parzinger estimó que uno de sus principales aportes consistió en interpretar las estatuas desde el punto de vista histórico-religioso.

Para Duque Gómez y Llanos Vargas, la exploración de Preuss marcó el inicio de las modernas investigaciones arqueológicas en Colombia’ y obligó al Estado a expedir las primeras normas para proteger el patrimonio arqueológico. Es innegable que las disposiciones surgieron por la gran resonancia en Europa de los hallazgos de Konrad Theodore ―catalogados del mismo nivel de los tesoros del faraón Tutankamón― pero sobre todo, por las denuncias de la ‘exportación’ indebida y la receptividad que hubo en algunos sectores políticos.

Además de las Leyes 48 de 1918, 119 de 1919 y 47 de 1920, que establecieron los parámetros iniciales para impedir la expoliación de objetos artísticos, debe destacarse la Ley 103 de 1931, que declaró de utilidad pública los monumentos y objetos arqueológicos de San Agustín, Pitalito y el Alto Magdalena. Décadas después, se aprobaron las Leyes 14 de 1936 y 163 de 1959 y se crearon el Instituto Etnológico Nacional y el Servicio Arqueológico Nacional. En 1995 San Agustín, Isnos y Tierradentro fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y más adelante, con la creación del Ministerio de Cultura y el nuevo rol del Icanh, se consolidó un moderno régimen jurídico que protege los bienes que los abuelos llamaban guacas, entierros, precolombinos, tesoros, monumentos o antigüedades

El 12 de diciembre de 2012 David Dellenback y numerosos habitantes de San Agustín enviaron un derecho de petición a la ministra de Cultura, Mariana Garcés y al director del Icanh, Fabián Sanabria, para solicitarles que tramitaran por vía diplomática ante el gobierno de Alemania la «repatriación de 35 piezas arqueológicas líticas que ilegalmente se encuentran en el Museo Etnológico de Berlín». Los agustinianos consideran que el patrimonio colombiano «fue lesionado por el traslado ilegal» de esas esculturas de San Agustín, Briceño e Iscandoy por parte de Preuss y piden que una vez sean recuperadas las ubiquen en el Parque Arqueológico o en algún lugar del Macizo Colombiano. Mes y medio después, el Icanh les respondió lacónicamente que por sus implicaciones legales, patrimoniales e internacionales, todo procedimiento relacionado con las estatuas debía contar con la participación de diversas entidades.

Dellenback ―quien viajó a Berlín en 1992 para conocer, registrar y dibujar las figuras ‘exportadas’ y plasmarlas después en su libro Las estatuas del pueblo escultor― constató que durante más de 80 años esos bienes han estado arrumados en una bodega sin que ninguna autoridad colombiana haya hecho nada para recuperarlas. «Sin tener en cuenta el mercado negro, en Alemania está la principal caleta de estatuas de San Agustín y del Macizo que hay en el mundo. De las 35, solo tres están exhibidas, las demás no han sido mostradas», manifestó este hombre de Oregón que no puede creer cómo 28 gobiernos han sido incapaces de hacer respetar «un patrimonio imprescriptible, inextinguible, inembargable e inalienable». Esa negligencia se nota en la carta de Parzinger a Dellenback en la cual refiere que las estatuas, con el auspicio de los embajadores, se han expuesto en Colonia (1962) y Bonn (1986). Para infortunio del país, el remitente revela que en esas ni en otras ocasiones «Los representantes del gobierno de Colombia no pidieron su repatriación».

En la respuesta al derecho de petición enviado por el autor de este informe, la Cancillería y en Icanh informan que funcionarios de la embajada colombiana visitaron el Museo Etnológico de Berlín en marzo de 2013 y constataron que hay tres estatuas en exhibición y que «otras (sin indicar número), se encuentran en la colección de estudios del museo». Sorprende que los diplomáticos no se hayan tomado el trabajo elemental de verificar el número exacto de esculturas, tal lo hizo el particular David Dellenback, y que para suplir esa deficiencia simplemente inviten a visitar la página web del museo.

En relación con las diligencias adelantadas para recuperar la estatuaria con fundamento en leyes nacionales y tratados internacionales como la Convención de la Unesco de 1970, la Cancillería y el Icanh le advirtieron al periodista sobre posibles obstáculos legales, entre ellos, el principio ratione temporis (razón de temporalidad). Según este concepto, «el mecanismo de la restitución previsto en la precitada norma no resultaría aplicable» debido a que las piezas «habrían sido sustraídas entre 1906 y 1914 (sic)» y porque la Convención entró en vigencia para Colombia y Alemania en una fecha posterior a la ocurrencia de los hechos. Al indagar sobre la posibilidad de un gesto de buena voluntad por parte de Alemania sin que sea necesaria una indemnización a esa nación según contempla la Convención, las entidades esgrimieron una trillada frase de cajón: «El gobierno de Colombia sigue trabajando en el fortalecimiento de los lazos de amistad y cooperación con Alemania, lo cual ha permitido que las relaciones entre ambos países atraviesen un gran momento…»

Las quejas de los agustinianos y la inconformidad regional están produciendo los primeros resultados. En declaraciones publicadas por El Tiempo el 15 de septiembre, el director del Icanh, Fabián Sanabria, confirmó que viajará en noviembre a Berlín para estudiar las 21 estatuas y ratificó que su eventual repatriación «es un proceso complejo y diplomático porque, para la entidad, no se trató de un tráfico ilegal de piezas».

Mientras comienza ese trámite, el Ministerio de Cultura celebra el Año de San Agustín, una conmemoración que omitió la obligación constitucional de readquirir bienes arqueológicos agustinianos que están en poder de particulares en Alemania, Estados Unidos, Inglaterra y Chile (art. 72 C. N.). En la programación, que ha debido ser menos inmediatista y más futurista, no se planteó un estudio sobre la posible creación de una facultad de Arqueología en la región ―como lo sugirió el exministro Germán Arciniegas en 1998― ni se propuso el análisis crítico y escrito de la herencia de Preuss ni se programó el montaje de una moderna página web del Parque Arqueológico tal como la tienen otros patrimonios arqueológicos. En cambio, se realizará en Bogotá la interesante exposición El retorno de los ídolos, vendrán gurúes de la Arqueología y la Etnología, el Museo Luis Duque Gómez tendrá nueva cara, se emitirá un documental y la Sinfónica de Colombia brindará en el Lavapatas un concierto en el que no habrá música del Huila pero sí del alemán Beethoven en homenaje al germano Preuss.

Para bien y para mal, la arqueología colombiana siempre tendrá la impronta de Preuss. Quienes lo exaltan y dicen que no ha habido justicia con él, podrían recordarlo retomando la ingenua despedida de Gustavo Muñoz en 1914: «¡Perdone!». Aquellos indignados por sus ‘exportaciones’, los cien años de desidia estatal y el cúmulo de homenajes, tal vez lo evocarían al estilo bogotano: «¡Le salimos a deber!»

viernes, 11 de diciembre de 2015

Serena del Mar, la nueva urbe del Caribe colombiano



Términos generales del proyecto


En un terreno situado a solo doce kilómetros del centro histórico de Cartagena se construye Serena del Mar, una moderna ciudad de más de 1.000 hectáreas de extensión que impulsará el desarrollo y la competitividad en esa zona del país.

Esta ambiciosa obra de infraestructura, liderada por la firma Novus Civitas, se construirá en los próximos 20 a 30 años a orillas del imponente mar Caribe colombiano con los más altos estándares en términos de urbanismo y paisajismo.

“La ciudad soñada está planteada con todos los elementos necesarios para garantizar la inclusión social, el respeto por el medio ambiente y la calidad de vida”, destacó el presidente de la constructora responsable del proyecto, Rafael del Castillo.

El directivo explicó que Serena del Mar se convertirá en “una ciudad al interior de Cartagena”, pues incluirá viviendas, centros comerciales, hospitales, medios de transporte masivo, instituciones académicas públicas y privadas, innumerables vías de acceso y hasta campos de golf.

Por ejemplo las vías para esta etapa inicial arrancaron en enero de 2014 y se prevé que cuesten 100 mil millones de pesos. En el mismo mes, pero del 2015, comenzó la construcción de la terminal de transporte masivo que articulará la zona con el centro de Cartagena.

“El costo total de la que hemos llamado la ‘ciudad soñada’ no lo tenemos, porque el cuero va dando para las correas y en esto uno va paso a paso; las ventas van generando el flujo de caja para las inversiones”, anotó Del Castillo. No obstante, se trata de una inversión billonaria, considerando el terreno de mil hectáreas que comprende. La intención es que apenas una cuarta parte o un poco más sea construida y vendida, mientras que el resto se dejaría para espacios comunes, como lo concibió desde 1968 su inspirador, el empresario y filántropo Carlos Haime. Hoy lo está concretando su hijo, Daniel Haime.

Se estima que este megaproyecto contribuya al fortalecimiento económico del departamento de Bolívar, una región que aporta el 5% del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación. Además impulsará la actividad de la construcción, uno de los sectores más importantes para esa región junto con el petroquímico, metalmecánico, logístico- portuario y turístico.

‘La ciudad soñada’



En total serán 30 kilómetros de caminos internos, 35 km de senderos dedicados exclusivamente a las bicicletas, 16 km de senderos navegables, 1.6 km de playas y unas 250 hectáreas de zonas de conservación.

Del Castillo explicó que el proyecto está pensado sobre tres pilares: que sea ecoamigable, ‘socialincluyente’ (para todos los estratos) y con calidad de vida.

Serena tendrá canales navegables con 60 metros de ancho y tres metros de profundidad, ya aprobados por todas las autoridades, que la conectarán con la ciénaga de la Virgen. El proyecto está en la zona de influencia de tres comunidades de estrato socioeconómico bajo: Villa Gloria, Manzanillo del Mar y Tierra Baja. Sin embargo, Serena tiene no solo licencia ambiental, sino según dice, también tiene “licencia social” porque su Consulta Previa incluyó “un total de 36 sesiones de trabajo conjunto entre el Ministerio del Interior, diferentes autoridades locales y nacionales”, y las comunidades ya mencionadas.

Los desarrolladores piensan albergar 17.000 unidades residenciales de distintos precios. En el primer trimestre del 2016 salieron a la venta las primeras, de Morros Eco con inversión de 60 mil millones de pesos, y ya está proyectándose los proyectos residenciales Burano y Zinnia Club House.

Morros Eco

Burano

Burano

Morros Eco consta de 100 apartamentos de playa, estrato 6, de entre 400 y 1.000 millones de pesos, el plan es que estén listos en el 2018. En Semana Santa del 2016 la firma Amarilo sacará a venta otros 400 apartamentos estratos 4 y 5, cerca del hospital, que entregará en el 2017 porque son de construcción más rápida. En abril, Prodesa comenzará a vender 800 viviendas de interés social al lado de Tierra Baja, que entregarían en el 2017.


Nueva sede de la Universidad de Los andes


Una de las obras más destacadas en la nueva urbe es la construcción de una sede de la Universidad de los Andes, la cual está a cargo del presidente de la firma estadounidense Brandon Haw Arquitecture LLP, Brandon Haw. 


El edificio, que acogerá inicialmente a la Facultad De Administración, se convertirá en un icono de la arquitectura en Colombia ya que aprovechará los vientos y la luz solar para disminuir el consumo de energía (bioclimático). Su costo total se estima en $26.000 millones.

La Universidad de los Andes ya puso la primera piedra de su facultad de Administración. Para el 2017. De acuerdo con Rafael del Castillo, presidente de Novus Civitas, la firma desarrolladora de Serena del Mar, se estima que la edificación donde el centro de estudios privado más importante del país tendrá su Facultad de Administración alterna, estaría lista en el año 2017.

La Universidad de los Andes fue invitada al proyecto de Serena del Mar por tener también una visión incluyente, según Rafael del Castillo. “Es una universidad que quiere llegar a todos los estratos. Yo estudié allá hace 30 años y se pagaba por declaración de renta. Hoy su programa de becas es una belleza. Siendo la mejor universidad de Colombia, muchas de sus carreras le traen a la Costa un espíritu de colaboración”, dice.

El rector del claustro, Pablo Navas, indicó que la intención es consolidar vínculos con las regiones por medio de actividades de formación e investigación, para acercarse más al país. “Llegamos para comprometernos directa y expresamente con el futuro de la Costa Caribe, proceso en el cual, estamos convencidos, nos beneficiaremos como institución. Sin duda, crearemos redes, conexiones, aparecerán oportunidades y retos, tendremos a nuestros estudiantes visitando Cartagena y a muchos caribeños yendo a Bogotá”, señaló.

Por su parte, el decano de Administración de los Andes, Eric Rodríguez, explicó que la sede contará con las características de un edificio bioclimático, a partir del aprovechamiento de los vientos y la luz solar. Adicionalmente, habrá una gran inversión en tecnología para facilitar la comunicación a distancia con alumnos y profesores de otras ciudades del país y del mundo.

Inicialmente, impartirán cursos de educación continuada para profesionales, con un estimativo de siete cursos anuales enfocados en las necesidades de la región. En una segunda etapa planean establecer programas de especialización. “Más que formación, llegamos a ofrecer acompañamiento y desarrollo para los empresarios y la fuerza laboral de la zona Caribe de Colombia y Latinoamérica”, expresó el decano de Administración.

El Centro Hospitalario







A esta moderna edificación se sumará un centro hospitalario de alta complejidad que se construirá con una inversión de $250.000 millones y que además será administrado por la Fundación Santa Fe, cuya sede principal está en la capital colombiana.


Las operaciones del hospital comenzarán formalmente en el 2017 con 150 camas, pero se tiene prevista que su capacidad supere las 400. “En nuestra opinión, es el hospital más completo que habría en la región Caribe”, destacó Rafael del Castillo, y agregó que este complejo tendría 8 salas de cirugía equipadas con los instrumentos más avanzados. 

Aunque la construcción de centro hospitalario avanza satisfactoriamente, la Corporación Financiera Internacional (IFC), filial del Banco Mundial, efectuó una inversión de 18,5 millones de dólares en el Centro Hospitalario Serena del Mar en Cartagena, dejando entrever el sólido respaldo financiero del proyecto.

La inversión ayudará a desarrollar el primer hospital de alta complejidad en Cartagena, que tiene uno de las tasas más bajas en Colombia de camas de hospital por habitante.

El hospital además ofrecerá servicios de salud a toda la población, incluyendo pacientes afiliados al sistema general de seguridad social en salud una vez la construcción sea finalizada.

La región tiene 8,5 camas por cada 10.000 habitantes, por debajo del promedio en Colombia de 10 por 10.000 habitantes y considerablemente más baja que en otros países de América Latina.

Además en un boletín de prensa los encargados del proyecto celebran el interés de los inversionistas de participar en la construcción de sus proyectos en el “paradisíaco lugar” en el que se encuentra Serena del Mar.

Otras consideraciones relevantes del proyecto

De otro lado, el arquitecto del proyecto, Fernando De La Vega indicó que este proyecto tiene un menor riesgo de inundación dado que el terreno está a 3 metros sobre el nivel del mar, mientras que los terrenos en Cartagena se encuentran tradicionalmente a 90 centímetros en promedio.

Además, se espera que el proyecto genere alrededor de 500 empleos directos e indirectos en su primera etapa, que tendrá una inversión inicial de $115.000 millones. Se espera que la demanda sea en un 55% procedente de Bogotá, 15% de Barranquilla y 30% de otras procedencias.

También destacan que en las inmediaciones de esa zona se han adelantando importantes proyectos en materia de infraestructura vial, tales como “el Túnel de Crespo, la vía 90A y la doble calzada Cartagena – Barranquilla”, que acerca “cada día más a este punto con el centro histórico, el aeropuerto y la zona industrial de Cartagena”. 

En este punto también coincidió el presidente de Novus Civitas, quien afirmó que la ubicación de Serena del Mar es “estratégica” pues estará solo a una hora de Barranquilla y a dos de Santa Marta, luego de que se concluya la obra del puente Pumarejo. 

Finalmente, Rafael del Castillo manifestó que el modelo de desarrollo en el que se sustenta Serena del Mar es el que debería aplicarse en “todo el mundo”, ya que esa obra contempla la construcción de una “ciudad modular” que se adapta a lo que las personas realmente necesitan.

“Lo ideal es que todo esté cerca para las personas”, resaltó el directivo, y concluyó que “hay que tratar que las poblaciones se desarrollen en núcleos, de manera que se reduzca el tiempo de los desplazamientos” en las actividades diarias. 

Fuente: serenadelmar.com.co

Los países que están comprando menos productos colombianos

Hay países que han reducido hasta un 95% la cantidad de productos de origen colombiano que importaban. En los principales destinos de exportación, cerca del 65% de los países han reducido sus compras.


La principal consecuencia de la fuerte y consecutiva devaluación del peso colombiano en el transcurso de 2015 fue sin dudas el debilitamiento del comercio exterior. Tanto importaciones, y más radicalmente, exportaciones pueden afirmar haber tenido un año para el olvido. 

Aunque la caída de las exportaciones se debe en gran medida al sector de los combustibles y productos de las industrias extractivas gracias a menores precios de las materias primas en las que está especializada Colombia, tanto el agro como la industria sufren la misma enfermedad. 

Hoy, el último dato de las ventas externas del país reflejan que entre enero y octubre del presente año las exportaciones han caído 35%, los combustibles 47,2%, la industria 9,9% y el agro 4,3%. 

Pero, ¿Cuáles son los países que, a pesar de que el precio de los productos colombianos es más competitivo en dólares, han decidido no comprar más productos colombianos?

Lo más razonable es que fueran pocos los que han optado por esta vía, no obstante la realidad es muy distinta. 

Precios más competitivos no son suficientes 

En la actualidad el 70% de las exportaciones colombianas pertenecen a los combustibles y los productos de las industrias extractivas como carbón, oro, esmeraldas, entre otros. Es cierto que son estos productos los que pesan más en el consumo de productos colombianos en el extranjero, especialmente para Estados Unidos, China, India y la Unión Europea. 

Sin embargo, el comercio con América Latina también está fuertemente debilitado por menos exportaciones de artículos de manufactura, bienes intermedios y bienes con cierto valor agregado de tecnología. 

El comercio con la Aladi (países de América Latina) es casi una cuarta parte menor que hace un año. Panamá, uno de los principales socios comerciales de Colombia compra un 32% menos en valor, sin embargo incrementó sus compras un 21% en términos de volumen. 

Los vecinos del norte compran cada vez menos textiles y materias plásticas, además de los combustibles. 

Al hablar de cantidades de los 12 principales países a los que Colombia exporta en la región, Argentina lidera los mercados que están disminuyendo fuertemente su consumo de productos nacionales. Le siguen Venezuela con -42% y Chile con -36,2%. 

En términos generales estos son los países que han disminuido radicalmente el consumo de productos colombianos tanto en valor (US$) como en volumen (toneladas métricas). 


Fuente: Dane, cálculos Dinero

Más allá de menos compras de materias primas, India, está comprando menos textiles, artículos de hierro y acero y maquinaria eléctrica. China, de igual forma, está dejando de consumir alimentos, materias plásticas, confecciones, textiles y vehículos procedentes de Colombia. 

A octubre, de los 58 principales destinos de exportación de Colombia, 38 países compran menos en términos de valor y 31 en volumen. 


Fuente: Dane, cálculos Dinero

La Unión Europea está prescindiendo cada vez más del azúcar, el pescado, el cuero, las confecciones, los vehículos y las manufacturas de metales de origen colombiano. Letonia, que lidera la reducción del comercio tanto en valor como en volumen, compra menos combustibles y textiles de Colombia. 

sábado, 5 de diciembre de 2015

Grupo de la Armada halló el San José, el tesoro más buscado del Caribe

La riqueza hundida en 1708, llevaba 200 toneladas de plata, oro y tesoros coloniales.
Por: JUSTICIA

9:23 a.m. | 5 de diciembre de 2015


El presidente Juan Manuel Santos sorprendió anoche con una noticia esperada durante muchos años: el hallazgo del galeón San José.

Alrededor del galeón San José se ha construido toda una leyenda durante siglos. Según historiadores, se trata de una embarcación del Imperio español construida en 1698 y que terminó hundida frente a las islas de Rosario, cerca de Cartagena, como consecuencia de un ataque de los ingleses en momentos en que venía de Panamá.

Según se dice, esta nave traía un cargamento de oro, plata y joyas preciosas.

Aunque sobre la existencia del San José se han escrito muchas versiones, la leyenda dice que llevaba 11 millones de monedas de oro, miles de lingotes de este mismo metal, barras de plata y esmeraldas, entre otros tesoros.

Siempre se ha especulado con el valor de las riquezas que el San José llevaba a bordo. Algunos creen que esta podría ascender hasta 10.000 millones de dólares.Algunos han dicho que con su valor se podría pagar la deuda externa. Pero el historiador Rodolfo Segovia le dijo a EL TIEMPO que “cualquier cosa que se diga sobre su valor es una fantasía”.

El hallazgo sumergido

Aunque muchas empresas internacionales se disputan desde hace décadas el derecho a reclamar parte del tesoro, arguyendo haber establecido su ubicación, fue una misión científico-militar de la Armada Nacional la que ubicó el buque.

EL TIEMPO supo que una plataforma con equipo de alta tecnología de la Armada fue la que dio con el paradero de esta riqueza. En esa búsqueda jugó un papel clave el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas de la Dirección Marítima de la Armada (Dimar).

Las mismas fuentes le dijeron a este diario que el tesoro aún no ha sido tocado, pero que el Gobierno tiene pleno control del barco y del área marítima donde se encuentra.

La Casa de Nariño venía recaudando datos sobre el tema ante la inminencia de este hallazgo.

El Jefe de Estado tenía previsto revelar la noticia este sábado, pero decidió dar una primera puntada anoche, cuando contó –sin dar detalles– que el San José fue encontrado tras varios años de búsqueda.

El presidente Santos –con la asesoría directa del Ministerio de Cultura, responsable de tutelar el tesoro– analizaba anoche cómo aplicar el contenido de la Ley 1675 de 2013, que reglamentó en el país el tratamiento que se le debe dar al patrimonio cultural sumergido.

El principal punto, sin descuidar otros, es lo relacionado con el manejo que se les darán a las riquezas que están en el barco, lo cual está reglamentado en dicha norma.

La historia de la embarcación

De acuerdo con el historiador Segovia, en junio de 1708 venía de Panamá un convoy de galeones españoles, entre los que estaban el San José. Esa nave traía riquezas para la Corona española, la cual sostenía una guerra con Inglaterra.
“Entonces hubo una refriega entre españoles e ingleses, y el galeón San José se dirigió a Cartagena para protegerse y en medio de ese desplazamiento se hundió”, relató Segovia.

El experto también afirmó que en la nave “iban 600 pasajeros”, de los cuales solamente sobrevivieron 11.
Durante el gobierno de Belisario Betancur se avanzó en las condiciones para realizar la búsqueda del galeón San José, pero durante estos años esa misión había sido imposible.

Segovia explicó que el Ministerio de Cultura y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia son los encargados de manejar la extracción de lo que haya en el galéon.

El historiador sostiene que los objetos que se encuentren en la nave y que sean únicos “no pueden venderse”, pero el resto sí.

Representación del Galeón San José, hundido en 1708. Foto: Archivo Particular.

Hasta ahora, lo único que se ha hecho es confirmar el hallazgo de dónde está hundido el galeón San José, pero la tarea para extraerlo puede ser larga. No solo se trata de extraer las riquezas que pueda haber en su interior, sino que su valor arqueológico es incalculable.

“El tesoro más grande del galeón San José para Colombia es su valor arqueológico”, dijo Segovia.

JUSTICIA