domingo, 29 de diciembre de 2013

Bogotá sigue perdiendo

Por: Martín Rivera Alzate

¿Por qué las aspiraciones presidenciales han hecho que Bogotá esté en crisis?


No hay ni politólogo ni sociólogo alguno que pueda explicar, desde la ciencia si se quiere, por qué Bogotá pasó de ser un modelo mundial en áreas de desarrollo urbano y transformación social, a una megaurbe compleja por lo demás, sin orden ni norte. No he podido encontrar otro caso en el mundo –a excepción de Detroit, pero eso fue por cuestiones industriales- de una ciudad importante que haya pasado del cielo al infierno, en tan poco tiempo.

Muy seguramente buena parte de los que estén leyendo esta entrada ya estarán pensando en maneras de defender algunos proyecticos llevados a cabo por parte en las últimas tres administraciones (incluyendo las actuales). Pero tan mal estamos como ciudad, que con los argumentos de defensa que me he encontrado son pasionales e irracionales, muy alejados de los números y las estadísticas. No he podido encontrar, (y lo digo en serio, si tienen un documento, por favor envíenlo) un artículo serio, imparcial, con argumentos basados en la ciencia, de buenos proyectos en la Bogotá actual.

Y es que es importante que a Bogotá le vaya bien. No olvidemos que la capital colombiana le representa el 26% del PIB al país y que cerca del 16% de la poblacional nacional habita en la capital. Pero además, la calidad de vida es la que determina que tan feliz es una población. En Bogotá nos vivimos quejando; que el trancón, que los trámites, que la corrupción, que lo descuidada, que los pocos parques, que el sistema de salud, que los colegios públicos, que la corrupción ... que la corrupción.

Yo le atribuyo buena parte de las malas (pésimas) administraciones a esa falacia mediática irresponsable que reza “la Alcaldía de Bogotá es el segundo cargo político más importante del país” y peor el enunciado “a través de la Alcaldía de Bogotá se llega a la presidencia”. Primero, recordemos que el cargo del alcalde es un cargo administrativo. Por esas afirmaciones torpes (y más torpe el que se las cree), los bogotanos elegimos políticos, y no administradores o por lo menos conocedores de los temas urbanos, para que nos gobernaran.

El único en la historia de la ciudad, desde la elección democrática de alcaldes en Bogotá en 1988 que ha llegado a ser Presidente de la República, ha sido Andrés Pastrana Arango. Veamos. Sobre Juan Martín Caicedo Ferrer (sucesor de Pastrana), la revista SEMANA decía el 17 de diciembre de 1990: “Posesionado como alcalde en junio, sus actuaciones parecían más encaminadas a preparar una futura campaña presidencial que a resolver los principales problemas de la ciudad”. Eventualmente Caicedo fue destituido y hasta ahí llegó su carrera política.

Luego, Jaime Castro –quien ya había sido precandidato presidencial en 1990- siempre sonó como una posible figura presidenciable dentro del Partido Liberal. Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, lo intentaron sin éxito en más de una ocasión, siendo la experiencia del Partido Verde –y su ola verde- en 2010, lo más cercano que estuvieron para llegar a Casa de Nariño. Lucho Garzón quien fue candidato presidencial en 2002 obteniendo el tercer puesto, usó esa plataforma y reconocimiento político para llegar a la alcaldía en 2003.

Con la entrada súbita de Garzón a la alcaldía, se abonó el terreno para que eventualmente llegara Samuel Moreno quien fue congresista entre 1991 y 2006. Ya había mostrado su interés, siendo presidente de Polo Democrático, de ser candidato presidencial, pero ante la derrota interna frente a Antonio Navarro Wolff tomó la decisión de llegar al Palacio de Liévano. Clara López –quien remplazó a Moreno- ya dice ser la candidata presidencial del Polo para las elecciones de 2014 y Gustavo Petro, alcalde actual, ya fue candidato presidencial en 2010 e insiste en que su movimiento Progresistas va a ser un protagonista en el ámbito nacional.

Como vemos, por ese afán de llegar a la presidencia y utilizar el periodo de alcaldía como un medio, Bogotá se está descarrillando. Ser dependientes de una sola persona, nos pone en riesgo de bailar al son político del protagonista de turno poniendo en riesgo la estabilidad de la ciudad. Mientras no vuelvan personas al poder, cono conocimiento mínimo de los temas de ciudad, que sepan manejar equipos y sean realmente administradores, seguiremos en el camino equivocado tratando de adivinar quien va a ser el próximo presidente de Colombia sin antes entender que Bogotá se está cayendo a pedazos. 

Fuente: contrapunto.co

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