domingo, 31 de agosto de 2014

La polémica que sobrevuela El dorado


El dorado pasó a ser el segundo aeropuerto más costoso de América Latina, después del de Lima. Las aerolíneas dicen que esto les quita competitividad. ¿Qué está pasando?

El aeropuerto Eldorado, una obra en la que se invirtieron más de 1.000 millones de dólares, no ha dejado de generar polémica desde el momento en que entró en operación. 

Aunque hay un consenso sobre la imponencia del nuevo terminal y sus espacios, la verdad es que se está quedando nuevamente pequeño ante el crecimiento del trafico aéreo. También preocupan el problema de los puertos de embarque y algunos temas cotidianos de comodidad para los pasajeros que transitan por las instalaciones.

En los últimos días, se ha ventilado una preocupación mayor que tiene a las aerolíneas con los pelos de punta. Se trata de los altos cobros por algunos servicios, que han convertido a este terminal en el segundo más costoso de América Latina, después del de Lima.

La alerta no es un asunto de menor importancia, pues con mayores costos en la operación, los pasajes aéreos seguramente subirán, lo que es una mala noticia para los colombianos que cada vez están viajando más por avión, ante la falta de buenas carreteras.

¿Por qué se elevaron los costos en Eldorado? La principal razón es la reciente entrada en operación de un moderno sistema de hidrantes para el tanqueo de combustible, puesto en marcha por Opaín. 

Aunque este sistema es más eficiente frente al que estaba operando, el cargo por combustible pasó de 5 centavos de dólar por galón a 9,15 centavos, un incremento del 83 por ciento. Para las aerolíneas esto es grave, pues el combustible es un componente muy alto dentro de la estructura de costos.

Gilberto Salcedo, director ejecutivo de la Asociación del Transporte Aéreo en Colombia (Atac), dice que el golpe es muy duro para las compañías, que tendrán que pagar por este concepto 21 millones de dólares adicionales al año. 

Eldorado no puede perder competitividad porque es el único en la región en el que compiten tres grandes compañías: Avianca, LAN y Copa. Además operan más de cinco aerolíneas regionales y de bajo costo y 21 internacionales. 

Para Atac la implementación del nuevo sistema no ha sido del todo transparente porque un proyecto que costaba 60 millones de dólares, terminó valiendo 75 millones. Sin embargo, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) ya le dio el visto bueno. La entidad dijo que desde el mismo momento en que se firmó el contrato con Opaín, en 2006, se estableció la obligación de construir este sistema directamente o a través de un tercero. 

En medio de las críticas por los costos, la ANI destaca la eficiencia de la red de hidrantes porque el tiempo de abastecimiento se reducirá a una tercera parte. Adicionalmente, mejorará la seguridad porque disminuirá el número de carrotanques circulando por el terminal. Ahora el combustible se lleva a través de un sistema de tuberías desde los depósitos del aeropuerto hasta las posiciones de parqueo de los aviones.

Andrés Ortega, gerente de Opaín, defiende el nuevo sistema y dice que no tendrá un impacto mayor en el precio de los pasajes. Estima que si hay un incremento solo será de 800 pesos en los tiquetes nacionales y de 5.000 en los internacionales. 

Otra cosa piensan las aerolíneas que están preocupadas por la rentabilidad. Según sus cálculos, actualmente la utilidad por pasajero es 2.900 pesos, lo cual se reducirá con los mayores costos que se avecinan.

Ahora bien, el combustible no es el único dolor de cabeza de las empresas. El arriendo de los puestos de chequeo, oficinas y áreas de atención a los viajeros aumentó el año pasado en un 200 por ciento. Además, por la reforma tributaria de 2012, tanto las aerolíneas como los locales comerciales tienen que pagar el impuesto predial y valorización. A la lista hay que agregar tarifas por vigilancia, aterrizaje y servicios públicos en zonas comunes, entre otros.

El aumento en los costos de estos servicios se suma a la guerra de tarifas que hay en el mercado, que según las propias compañías ha llevado a una caída del 25 por ciento en el precio de los tiquetes en el último año. Aunque este es un hecho positivo para los usuarios, las aerolíneas están preocupadas por el negocio. Dicen que perder competitividad en la región es crítico para el país que está en pleno desarrollo de los tratados comerciales que ha firmado.

Fuente: http://www.semana.com/

Túnel de la Línea


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Un ave fénix llamado ETB

La empresa cumple 130 años


Hace cuatro años estuvo al borde de la privatización por la falta de un socio estratégico que garantizara su supervivencia.

La que iba a ser la muerte de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) tuvo origen en una orden presidencial. Ocurrió el 26 de mayo de 2011, cuando Cristina Plazas, quien actuaba como alcaldesa ad hoc de la capital, le presentó al Concejo el proyecto para privatizar la compañía. El objetivo era claro: vender el 100% de la participación pública en el operador, que equivalía al 88% de las acciones.

El gran problema es que nadie quería apostar por un activo que, se creía, estaba a punto de desaparecer. La tesis apareció desde finales de los años 90, cuando el país apenas comenzaba a conocer la telefonía móvil y se creía que la ETB no tenía el músculo financiero necesario para hacer fuertes inversiones en esa tecnología. En el lustro siguiente se diseñaron nuevas acciones para “accionistas minoritarios”, lo que hizo que el Distrito, su principal accionista, perdiera un 11,5% de la propiedad.

Y para 2008, tras una mala experiencia como socio de Ola, el tercer operador celular del país, se inició formalmente la búsqueda de un socio estratégico. Se dijo que Claro y Telefónica, sus competidores inmediatos, estaban interesados, y que la empresa era atractiva para la asiática Korea Telecom, pero un año después no se concretó propuesta alguna. La mejor forma de entender ese pesimismo es mirar el precio de su acción: los $1.300 de diciembre de 2009 se redujeron a $656 en marzo de 2011.

La suerte estaba echada: había que venderla. Pero esa razón gustaba muy poco a quien debía ejecutar la orden. “Estudié, con los distintos directivos de la empresa y con mis asesores, todo lo relacionado con las perspectivas, y pudimos determinar que tenía enormes posibilidades de ser una empresa rentable, que le diera valor al Distrito y que en el futuro contribuyera con sus utilidades a financiar la inversión social que tanto necesita la capital”, recuerda hoy Clara López, la alcaldesa que asumió en forma el mando de una ciudad sumida en la desconfianza hacia lo público.

Ella y su equipo, que tomaron las riendas de la ciudad dos semanas después de haberse presentado el proyecto de privatización, comenzaron a trabajar en el plan estratégico que modernizaría a la compañía. Incluía la entrada en negocios claves como la telefonía móvil y la televisión, dejar de centrarse en la telefonía fija, su principal línea de negocio, y enfocarse con mayor agresividad en la expansión de internet.

La pelea comenzó entonces a girar en torno a las visiones del futuro. Por un lado, se decía que las utilidades en los cuatro años anteriores se habían disminuido en 34% y que en cinco años la ETB había perdido 8% del mercado de las telecomunicaciones; la otra versión se fijaba en los $1,7 billones en utilidades que le generaba al Distrito y la calificación AAA que las agencias les otorgaban a sus finanzas.

Al final, el pulso lo ganó la nueva administración cuando el Concejo le dio la espalda a la privatización. Y de inmediato la compañía, presidida entonces por Mario Contreras, se puso manos a la obra: firmó un contrato para comprar a Ingelcom, un cableoperador de televisión con sede en Cúcuta, por una cifra superior a los $10.000 millones; en conjunto con Millicom, su aliado en la operación de Tigo (evolución de Ola), lanzó su servicio de telefonía móvil como operador virtual (a través de redes de terceros); y expandiría su cobertura de internet por toda la capital gracias a acuerdos estratégicos con Emcali, Une y la brasileña Oi.

Ese fue el momento clave en el renacer de la ETB. En el siglo XXI la compañía se parecía mucho a aquella pequeña firma fundada el 28 de agosto de 1884 por el cubano José Raimundo Martínez. Sí, a esa que bajo el nombre de Compañía Colombiana de Teléfonos hizo la primera llamada en el país y convirtió el aparato en un objeto de distinción para las clases altas de la capital; esa que bajo la sombrilla de la estadounidense General Electric extendió las primeras líneas telefónicas en la ciudad bajo el nombre de The Bogota Telephone Company Ltd.; que en los años 30 volvió a manos del Distrito y ya como la ETB incursionó, incluso, en el negocio de las llamadas de larga distancia.

Y hoy cuenta con un portafolio con tecnología de punta. “El cambio significativo en su estrategia comenzó con la sustitución de su red de cobre por la de fibra óptica, mucho más avanzada. Con una emisión de bonos internacionales de casi US$280 millones, la compañía financió su camino a la renovación tecnológica y comenzó un plan muy ambicioso de despliegue de FTTH (fibra al hogar) y lanzamiento de servicios 4G. El cambio tecnológico lo hizo junto con cambios significativos en su estructura organizacional, orientándose a la convergencia tecnológica”, explica Gina Sánchez, analista de la consultora Frost & Sullivan.

En su reporte de gestión de 2013, presentado en junio pasado, la ETB registró ingresos operacionales por $1,36 billones, una utilidad operacional de $144.292 millones e inversiones de capital de $620.024 millones (el 45% de sus ingresos). En su momento, Saúl Kattan, el actual presidente, expuso los tres nuevos objetivos de la compañía para el mediano plazo: extender su red de fibra óptica a ciudades como Medellín, Bucaramanga, Cali y Pereira, además de sumar nuevos usuarios en Bogotá, su mercado natural; fortalecer su portafolio de movilidad con redes 4G que le permitan ofrecer velocidades de descarga de 30 megabits por segundo y de 15 para alojar contenidos; y conquistar el 10% del mercado de telefonía móvil en los próximos cinco años.

Esas metas la obligarán a invertir alrededor de US$400 millones. A diferencia de hace cuatro años, el mercado no pierde de vista a la ETB. “Es una acción atractiva al negociarse a un precio de apenas 61% de su valor patrimonial y contable y una utilidad anual por acción superior a los $50, es decir, que se paga algo mas de diez veces dicha utilidad en el mercado. Es el único título de alta bursatilidad de una empresa que está en un sector estratégico como el de las comunicaciones”, explica José Roberto Acosta, gerente de Inversiones de la firma Asesores en Valores, quien indica que su precio actual, en niveles de $550 por unidad, es muy atractivo: “Su valor en libros es cerca de $870. Lo más importante e que su potencial de generación de caja es creciente en frentes de conectividad de fibra óptica y paquetes de comunicaciones a la medida del cliente”.

Una historia propia de un cuento de hadas que a simple vista parecería totalmente inverosímil en un mundo de crecimiento tan vertiginoso como el de las telecomunicaciones. Y en especial si se habla de una empresa con capital público en un país acostumbrado a no valorarlo. Es lo que recalca Clara lópez, su arquitecta: “En una sociedad en la que durante los últimos 20 años se ha venido tomando como dogma de fe la privatización, nosotros vimos el gran potencial de la empresa y creímos en ella. Eso es fundamental para sacar adelante un patrimonio público de esas dimensiones e importancia estratégica”.

Fuente: http://www.elespectador.com/

sábado, 30 de agosto de 2014

El desarme unilateral de nuestro país

La destrucción de la capacidad material de nuestras Fuerzas Armadas con fines disuasivos nos debilita en cualquier negociación entre naciones soberanas

La Argentina ha procedido a su desarme gradual sin que haya habido una decisión legislativa ni un debate político al respecto. Este proceso no ha surgido de acuerdos o entendimientos internacionales ni regionales. En realidad, los países vecinos, en particular Brasil y Chile, han modernizado y ampliado su capacidad militar y lo han hecho en las últimas décadas durante las gestiones de gobiernos constitucionales. Las decisiones de desarme en la historia fueron, o bien impuestas por los países triunfantes al derrotado en una guerra, o bien resultantes de consensos institucionales explícitos en países chicos al amparo de alguna potencia que garantice su defensa. Ninguno de estos casos es el argentino.

El desarme de nuestro país no resultó de un proceso programado. Mientras el gasto público creció, los presupuestos militares se fueron reduciendo en términos reales. Pero esa reducción se concentró particularmente en los medios materiales relacionados con la capacidad operativa, y no tanto en los aparatos administrativos y en el personal. No hubo reposición del equipamiento aéreo, naval o terrestre de la Guerra de Malvinas. Lo que no se perdió durante esa contienda, se fue luego deteriorando o canibalizando hasta resultar en gran parte inutilizable. No se mantuvo el municionamiento ni siquiera para el entrenamiento del personal.

La fuerza aérea cuenta con muy pocas aeronaves en condición de volar, en tanto la aviación naval sólo mantiene un avión operativo. Gran parte de los pilotos han buscado mejores oportunidades en la aviación comercial. La formación de pilotos militares no se hace posible y esto es capital humano que cuesta muchos años recuperar. Lo mismo pasa con la flota naval y su capacidad operativa. El hundimiento en puerto del destructor misilístico Santísima Trinidad y la eternización de la reparación del rompehielos Irízar son expresiones cabales de una política expresa de abandono y degradación.

El gasto militar en la Argentina alcanza al 0,7 por ciento del producto bruto interno. Se compara con un promedio de 1,74% en América del Sur, 2% en Chile y 1,4% en Brasil. Pero la más notable diferencia es que los fondos empleados en la Argentina se aplican en un 90% a pagar los sueldos, mientras que en los otros países el gasto en personal no supera el 60%, ya que se destinan montos importantes a equipamiento y poder operativo.

La reciente ampliación presupuestaria por 199.045 millones de pesos no incluyó el Ministerio de Defensa ni las Fuerzas Armadas, a pesar de que había reclamos urgentes de fondos adicionales. Las carencias han llegado al extremo de la amenaza de interrupción del suministro de combustible por parte de YPF, peligrando así la más elemental movilidad.

Dentro de esta extrema escasez, en los últimos años hubo una derivación de fondos hacia la tarea de inteligencia interior, en contradicción con la ley 23.554 de defensa nacional que expresamente establece que "las cuestiones relativas a la política interna del país no podrán constituir en ningún caso hipótesis de trabajo de organismos de inteligencia militares". La actual conducción del Ejército está en manos de jefes de inteligencia que parecen prestar apoyo a la Presidenta en tareas de espionaje político en sustitución de los órganos propios del Gobierno que no contarían con el mismo grado de confianza presidencial. La función de defensa nacional, ausente con presunción de fallecimiento.

Por eso resultó muy desacertado el tramo del discurso en el que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con motivo esta semana de la Cena de Camaradería de las Fuerzas Armadas, se refirió a nuevas formas de ataques desde el exterior, que asoció con el interés de los fondos buitre de quedarse con el petróleo argentino.

Ya se trate de amenazas irreales, como la mencionada, o de eventuales peligros que puedan surgir en el futuro, lo cierto es que nuestro país se encuentra desarmado.

La paz mundial y el desarme constituyen sin duda un objetivo ideal. Pero ello debería lograrse en el marco de un amplio acuerdo universal. Mientras tanto, aun los países que no sostienen conflictos bélicos ni enfrentan amenazas, mantienen fuerzas armadas con fines disuasivos o en apoyo de su posición en las relaciones con el mundo.

La capacidad defensiva suele ser una pieza implícita en la mesa de negociación soberana de un país. Es un principio reconocido que la mejor forma de sostener la paz y evitar la guerra es estar en condiciones de disuadirla.

La búsqueda de explicaciones a la política argentina de abandono de la función esencial de la defensa lleva a relacionarla con el fuerte antimilitarismo presente desde 1983 y, en particular, desde 2003. Es un antimilitarismo que no sólo se ha canalizado a la acción mediática, judicial y punitiva con fuerte contenido ideológico y con lamentable parcialidad, sino también a la destrucción desordenada, no explícita, de la capacidad defensiva del país. Éste es otro capítulo de la triste y costosa herencia que dejará la gestión kirchnerista a quien tendrá luego que corregirla.

Fuente: diario la nación

viernes, 29 de agosto de 2014

Hombre elocuente, sentido discurso para todos mis amigos del Perú


Fuente: www.youtube.com

¿Se acerca el fin del 4 por mil?


La banca colombiana requiere de la eliminación de restricciones regulatorias e impositivas para aprovechar el impulso del crecimiento económico y mejorar la bancarización, dijo la presidenta de la Asociación Bancaria.

Para María Mercedes Cuellar, en el sistema bancario del país hay un espacio gigantesco por crecer y es partidaria de la eliminación del impuesto a las transacciones financieras que desincentiva el pago con medios bancarios.

Es un impuesto que es muy nocivo para bancarizar, también es un impuesto que facilita todo lo que son las actividades ilícitas, dijo en una entrevista con Reuters en la antesala de una convención bancaria en la ciudad caribeña de Cartagena.

Es bastante insólito que en estos momentos la mitad del sistema de pagos del país funcione con efectivo y no con sistemas de pago electrónicos, precisó.

Uno de los principales factores que choca con la bancarización de la población colombiana es un impuesto sobre las transacciones financieras, denominado 4 por 1.000 e implementado en 1998.

El nivel de bancarización en el país estaba al cierre del 2013 en 67,5 por ciento, lo que representa unas 25 millones de personas.

Si bien el tributo fue creado originalmente con carácter transitorio para financiar un fondo de ayuda al sistema bancario en la crisis de finales de la década de 1990, posteriormente se convirtió en fuente de recursos fiscales para el Gobierno.

El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, anunció el fin de semana que extenderá el cobro de ese impuesto hasta el 2018 para asegurar recursos claves para el financiamiento del presupuesto general de la nación.

Cuellar sostuvo que otro de los escollos para el sector radica en los límites a las tasas de interés de algunos tipos de crédito, lo cual eleva los costos para los bancos, además de los exigentes requerimientos al público que limitan el acceso a los préstamos.

La cartera crediticia del país acumuló en el primer semestre de este año un saldo de 159.727 millones de dólares, equivalente al 42 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), menos que en otros países de la región donde incluso llega al 100 por ciento del PIB, destacó Cuellar.

Hay elementos como el control de tasas de interés que ciertamente restringe el crecimiento del sector, no sólo la tasa de usura, también hay controles en crédito de vivienda, en el crédito agropecuario, con un problema adicional y es que cuando se reducen las tasas de interés la banca se ve obligada a depreciar toda la cartera y a reducir las tasas, explicó.

Entonces realmente, cuando un banco desembolsa un crédito, finalmente no sabe bien qué le puede pasar en el camino, concluyó Cuellar, ex codirectora del Banco Central de Colombia.

Fuente: http://confidencialcolombia.com/

Por mirarnos el ombligo


Cuando era estudiante de un colegio de estirpe municipal en Soacha, aprendía bajo la tutela de mi profesora de Geografía que Colombia era un país de regiones y cada una con sus propias características conformaban “la grandeza de nuestra riqueza nacional”. Sin embargo, a medida que iba levantando mi mirada y abría mi conciencia política me embargaba un espíritu de decepción porque mi profesora querida me había mantenido engañado, Colombia no era un país de regiones, Colombia era un país centralista.

Me di cuenta que las regiones no existían sino para ilustrar un mapa, hacer “milimetría política electoral” y rajar a estudiantes desaplicados que como yo, olvidaban la lección para el examen.

Aun cuando ya no se habla de aquellos “territorios nacionales” que sugerían esos rincones del país donde el viento se devuelve, al día de hoy pareciera que se mantuviera el concepto de aquel término déspota, tan déspota como sigue siendo la mirada centralista que ha imperado desde tiempos coloniales.

Es que el país de regiones va mas allá de ver al presidente de turno bañarse con totuma en el río Guatapurí o hacerse poner aseguranzas en la Sierra Nevada de Santa Marta. Fortalecer las regiones significa que no vuelvan a suceder tragedias como las de La Guajira, Yopal o Santa Marta, donde escasea el agua mientras en cómodos despachos se discute la pertinencia de las inversionesque debieron hacerse con antelación.

La visión miope con la que se ha manejado el rol de los departamentos y municipios en el marco de la descentralización ha permitido que bajo su sombra se cometan abusos, sin que ello disculpe al poder central cuando inclusive se hace el de la vista gorda en estos asuntos o, sencillamente, ni se da por enterado porque está ocupado planificando con zapato de charol lo que requiere hacerse con las botas puestas.

La verdadera descentralización se debe ver reflejada en el accionar del poder central al interior de las regiones, no con imposición sino con articulación plena entre los diferentes planes de desarrollo que, aunque dispares en tiempo, deben encontrarse en las líneas gruesas de sus políticas públicas. La reivindicación de las regiones pasa por reconocer su identidad para que el accionar del gobierno central no sea a su estilo sino con la impronta autónoma de cada región del país.

Acercar el gobierno a las regiones no es hacer consejos comunitarios o cualquier metamorfosis del otrora sainete popular, sencillamente es estar ahí cuando se necesita y dejar actuar con sutil vigilancia. Esta es una directa invitación para el segundo tiempo del gobierno Santos, para que se involucre más en las regiones, pues en gran parte serán claves en la difícil tarea del posconflicto, pero para eso, debemos dejar de vernos el ombligo paradescubrir las potencialidades que ofrece nuestro alrededor.

Un buen comienzo sería fijar la atención aquí no mas en Soacha, donde aprendí el mapa de las regiones, el mismo pueblo en donde se condensan todas ellas en una sola ciudad, la misma que está por estallar por su crisis social.

P.D. : Recordemos que hay departamentos sin representación en el Senado y que de nada sirve armar un gabinete “regional” si los ministros no se conectan con las regiones.

Augusto Reyes Abogado @augustoreyes

Manager Político PODER & PODER 

Fuente: http://confidencialcolombia.com/

jueves, 28 de agosto de 2014

El barco nuclear que falló en su misión de cambiar el mundo

Por Tammy Thueringer & Justin Parkinson- BBC News Magazine

Hace cincuenta años el primer barco civil con propulsión nuclear zarpó desde EE.UU. a Europa, en una gira ampliamente publicitada para persuadir al mundo a acoger la era atómica. Pero el sueño no duraría mucho.

De carga y pasajeros, elegante, pintado de rojo y blanco, y con un interior decorado en lo que entonces era el cromo ultra-moderno, el NS Savannah no era cualquier buque de carga.


Además tenía facilidades para los pasajeros. El barco, de 600 pies, y 12.000 toneladas contaba con una sala de cine, bar en la terraza y piscina. Las cabinas no tenían cortinas, sino que sus ventanas estaban polarizadas, diseñadas para reducir el deslumbramiento, alineadas de cara a los camarotes.

El barco era uno de los pocos que surgieron directamente de la imaginación de un presidente de Estados Unidos. En 1953, Dwight Eisenhower había pronunciado su famoso discurso "Átomos por la Paz", tratando de equilibrar el creciente temor del apocalipsis nuclear con optimismo por el usos que podía dársele a la energía atómica.

Quería una nave atómica. Pero una civil. El NS Savannah, que costó US$50 millones, fue lanzado al mar hace 55 años. Iba a ser un embajador en su clase, el primer buque mercante de propulsión nuclear del mundo. Un símbolo de la seguridad y la fe en el combustible del futuro.

Stan Wheatley fue uno quienes estaban contentos de trabajar en el barco. Él estaba en el astillero mientras se construyó, y se desempeñó como jefe de máquinas en su viaje inaugural. "El sistema de energía nuclear era un prototipo, no hay duda, pero todos estábamos bien entrenados", dice. Todo el mundo estaba consciente de que el buque representaba un poderoso anuncio para la energía nuclear. "Era el barco más guapo de todos y todavía es un barco muy atractivo", dice Wheatley, quien ahora es miembro de la Asociación Savannah, que trabaja para preservar y proteger el barco que ahora está en el puerto de Baltimore, Maryland, fuera de servicio.

En septiembre de 1964 el Savannah partía de gira por Europa, con escala en Rotterdam, Bremen, Hamburgo, Dublín y Southampton. Las multitudes se alinearon en los muelles y varios miles de curiosos, funcionarios gubernamentales y empresarios, subieron a inspeccionar sus instalaciones. "Fue una obra maestra de relaciones públicas", dice Will Davis, de la Asociación NS Savannah. "El objetivo era dejar que otras naciones vieran la nave y experimentaran que la energía nuclear no era una amenaza, sino un beneficio".


Interior del NS Savannah


Sala de máquinas del NS Savannah



Puente de mando del NS Savannah

El fracaso de la misión

El Savannah fue un pionero, pero su intención de masificar la energía nuclear en la navegación comercial no prosperó. A pesar de la emoción, el Savannah fracasó en su misión diplomática. El viaje de embajadores terminó un año más tarde, pero el Savannah no había logrado persuadir al mundo de que los buques de propulsión nuclear eran la panacea del futuro. Sólo tres otros buques mercantes nucleares fueron construidos: el transportador de mineral alemán Otto Hahn, el carguero japonés Mutsu y el rompehielos ruso Sevmorput. Al igual que el Savannah, ya no están en servicio.


A diferencia de la industria de la navegación comercial, el ejército sí acogió la energía nuclear. De los 700 buques de propulsión nuclear que han estado en servicio durante los últimos años -incluyendo el 200 actualmente en el mar- la mayoría son buques militares y submarinos. Los únicos ejemplos civiles son los rompehielos rusos.

¿Por qué los barcos mercantes de propulsión nuclear no se convirtieron en el estándar de la industria?

Cuando se trata de los buques, los potenciales peligros ambientales son claros.

Los pioneros sufrieron problemas. En su viaje inaugural en 1974, el Mutsu comenzó con fugas de material radiactivo a 800 kilómetros de la costa de Japón. Se le permitió regresar al puerto de Ohminato para reparaciones, a pesar de las protestas de pescadores y residentes.

Y el Savannah en sí experimentó problemas similares. Estaba pensado para almacenar un volumen de residuos radiactivos que fue rápidamente superado. Sólo en su primer año, 115.000 galones de desechos de bajo nivel fueron lanzados al mar. El espacio de almacenamiento se incrementó posteriormente, pero pequeños volúmenes de residuos continuaron siendo liberados.

El fantasma del daño ambiental siempre rondará a los buques nucleares. "Lo que puede flotar, puede hundirse y, como hemos aprendido de los derrames de petróleo, no es si, sino cuándo. Y cuando suceda, podría ocasionar una catástrofe ambiental", dice Paul Dorfman, fundador del Grupo de Consultoría Nuclear e investigador senior en el Instituto de Energía de University College de Londres.

El costo era otro inconveniente. Un barco con un reactor nuclear siempre va a ser más caro. Mientras que los portaaviones de clase Nimitz de EE.UU. son de propulsión nuclear, se decidió que el nuevo superportaaviones británico Queen Elizabeth utilizaría una combinación de turbinas de gas -combustible con queroseno- y motores diésel, por razones de costo.

Las preocupaciones por el costo de la energía nuclear son obvias. La construcción de un reactor es mucho más costosa que la de un motor diésel. Pero además el mantenimiento y la eventual eliminación de reactores redundantes representan costos impredecibles.
El lado bueno


Hoy el barco, en desuso, se encuentra en Baltimore, Maryland.

Hay un lado positivo. Si bien el precio inicial de una nave de propulsión nuclear es considerablemente más alto, como el uranio comercial es más barato que los combustibles convencionales, el costo de combustible de un buque nuclear es mucho menor, dice John Carlton, profesor de ingeniería marina de la City University de Londres.

Los buques de propulsión nuclear pueden pasar años sin recargar combustible, cubriendo grandes distancias. El Savannah era capaz de dar la vuelta al mundo 14 veces a 20 nudos, sin necesidad de combustible adicional. Pero a pesar de los masivos obstáculos prácticos, los amantes del cielo azul están empezando a considerar nuevamente el concepto, en una época marcada por el cambio climático y los altos precios del petróleo.

La naves nucleares no emiten CO2 ni gases de efecto invernadero. Wheatley dice que eso las hace muy atractivas. "A su debido tiempo va a ocurrir. Las perspectivas son razonables para un resurgimiento de la energía nuclear, hay un futuro para los buques de energía nuclear, es sólo una cuestión de tiempo" aseguraStan Wheatley, asociación Savannah.

Pero se deben afrontar varios retos. Primero, tendrán que construirse puertos con instalaciones que acepten el descargo de residuos nucleares y reabastecimiento de combustible. Y el extremadamente complicado tema de los seguros y la responsabilidad en caso de accidente también deberá ser resuelto, dice Dorfman.

Hay países que se niegan a aceptar el atraque de buques nucleares. "Tendrían que firmarse acuerdos regulatorios significativos", dice Dorfman. Pero, sobre todo, habrá que lidiar el escepticismo visceral sobre los reactores nucleares. Y para eso se necesitará más de uno o dos viajes publicitarios.

Zonamérica, el proyecto de US$ 350 millones en Cali




La zona franca de Zonamérica ocupará 38 hectáreas en Cali y planea generar unos 17.000 empleos.

Orlando Dovat fue premiado en el 2012 por la consultora Ernst & Young como emprendedor del año en Uruguay y, en buena medida, fue por el desarrollo de una zona franca dedicada a servicios y la logística donde hoy se asientan 350 empresas que generan el 1,5 por ciento del PIB del país austral.

El mes pasado, el mismo conglomerado, en el que tiene control su familia y él es presidente, obtuvo la aprobación de una zona franca similar en Colombia que tendrá el mismo nombre, Zonamérica, y comenzará a ser construida este año en Cali, con una inversión de 350 millones de dólares. Portafolio habló con el CEO de Zonamérica, Jaime Miller.

¿Qué los trajo a Colombia?

Hace 4 o 5 años empezamos a ver la posibilidad de replicar en otro país el modelo que aplicamos en Uruguay y miramos a Panamá, El Salvador y Colombia. Necesitábamos un lugar con abundante recurso humano universitario; el segundo factor fue la transformación que Colombia esta teniendo en consolidación de la paz y la seguridad para hacer negocios. Aparte, su mercado interno es muy interesante, lo mismo que su ubicación, cerca de Miami y en medio de Centroamérica y Latinoamérica. Por último, vimos un impulso muy grande a la inversión extranjera.

¿Y por qué se decidieron por Cali?

Para una zona franca permanente debíamos tener entre 30 y 40 hectáreas de terrenos relativamente planos. Vimos a Medellín, pero salvo que fuera en el sector de Las Palmas, no había dónde; en Bogotá, la tierra es muy costosa y dificulta recuperar la inversión. Cali resultó la combinación perfecta porque hay buena conectividad aérea y hallamos en el sur un clúster universitario con ocho instituciones y un terreno plano del grupo Carvajal, que resultó un gran aliado.

¿Cuál es su idea?

La Dian nos aprobó (en julio) el proyecto de una zona franca de 38 hectáreas, por 30 años, que alojará 18 edificios de oficinas con 173.000 metros cuadrados construidos para servicios globales, por ejemplo desarrollo de software, centros de servicios compartidos y tercerización de procesos administrativos o BPO.

¿Cuántas empresas habrá?

La cantidad no la sé, porque puede que sean grandes y que una sola ocupe un edificio, o pequeñas en mayor cantidad. Pero cuando estemos completos, en 15 a 20 años, podríamos generar 17.000 empleos.

¿Cómo participa Carvajal?

Aporta el terreno y algo de capital, pero el control de la sociedad y la operación está en manos de Zonamérica Uruguay.

¿Cuándo estará la primera etapa?

La primera etapa son 2 edificios por 15.000 metros cuadrados para 1.500 empleos y una inversión de 30 millones de dólares. Ya tenemos el diseño y estamos tramitando las licencias. La aspiración es empezar a construir antes de terminar el año e inaugurar el primer edificio en enero del 2016.

¿Cuándo estará el resto?

Se irá construyendo en la medida de la demanda.

¿Venderán locales?

El negocio nuestro no es vender, sino alquilar, porque en esta industria las empresas necesitan flexibilidad a la hora de crecer y no son muy amigas de adquirir, porque eso las limita si quieren luego hacer algún cambio.

¿Ya hay empresas interesadas?

Hemos notado algún interés, pero estos son negocios que se cierran cuando está próxima la terminación de un edificio.

Néstor A. López L.
Economía y Negocios

Fuente: http://www.portafolio.co/

Nicolasito Maduro y su meteórica carrera a la sombra de su padre

El hijo del presidente venezolano, Nicolás Maduro Guerra, ocupa tres grandes cargos públicos, a pesar de no tener formación académica ni profesional


Se llama igual que su padre, el presidente Nicolás Maduro, pero le dicenNicolasito. Tiene sólo 24 años y es su único hijo, por ahora, y lo están preparando para que lo suceda en Miraflores con la etiqueta chavista siguiendo los pasos de la dinastía norcoreana de los Kim il Sung.

Sin experiencia académica ni profesión conocida ni formación técnica alguna, Nicolás Maduro Guerra ha logrado escalar una carrera meteórica en la administración pública, cosechando los mejores cargos del gobierno -ya van tres- nada más por ser el hijo del Jefe del Estado.

Su currículum oficial es desconocido pero la web de «poderopedia» dice que estudió en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Bolivariana, UNEFA. También fue flautista del Sistema de Orquestas de Venezuela entre 1998 y 2004. Se identifica como «soldado de Chávez».

Lo primero que hizo Maduro el año pasado fue nombrar a su hijo comoJefe del Cuerpo de Inspectores Especiales de la Presidencia, un puesto creado a su medida para ver si los empresarios privados especulan con los precios. No satisfecho con un solo cargo, lo designó hace dos meses como Coordinador de la Escuela Nacional de Cine de Venezuela.

«La magia del cine»

Los cineastas pusieron el grito en el cielo indignados por tener que solicitar la aprobación de Nicolasito para sus proyectos. El actor Roberto Lamarca ironizó el nombramiento de esta manera, «la magia del cine da para todo». Otro director y guionista comoJonathan Jakubowicz ridiculizó al hijo de Maduro imaginándolo dando clases de «cine de torturas, cine de propaganda, porno suave bolivariano, cine mudo».

«El hijo de Maduro no sabe nada del Séptimo Arte. De lo que sí sabe es de robar cámara», acotó el dramaturgo José Tomás Angola. «El colmo del desprecio y del cinismo», exclamó Héctor Manrique, director de teatro del Grupo Actoral80.

Para ocupar el tercer cargo el mandatario impuso a su hijo como delegado electo del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, en la parroquia El Valle del Distrito Capital entre 5.125 militantes que no han podido ser postulados ni tener acceso siquiera a las actas de votación de la interna. En su estreno como delegado chavista Nicolasito repitió una frase grandilocuente de su padre: «el PSUV va a salvar a la humanidad».
Críticas a los hijos del chavismo

Las redes sociales dan cuenta de la avalancha de críticas y descontento tanto dentro como fuera del chavismo por la forma cerrada como la élite oficialista está preparando a sus líderes de la sucesión. Nicolasito Maduro y María Gabriela Chávez son la comidilla diaria de los tuits.

Pero el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello,defiende a los hijos presidenciales.«¡Que vergüenza la forma de hacer política de la oposición! Hoy, casualmente comenzaron con María Gabriela y hoy, casualmente, en un periódico, atacan a Nicolasito, el hijo del Presidente», agregó, al tiempo que advirtió: «van por nuestras familias; así es la derecha. Es una forma de fascismo, no tienen ningún tipo de respeto por la familia».

Fuente: http://www.abc.es/

Dos historias de alas


Colombia y Brasil empezaron al mismo tiempo sus industrias aeronáuticas. En Colombia, no han prosperado las iniciativas por falta de escala, apoyos del Estado y decisión política. En Brasil, en cambio, se logró crear una de las empresas más exitosas: Embraer. 

¿Qué sucedió?

Por allá en 1967, en el aeropuerto de Guaymaral, al norte de la verde sabana andina que rodea Bogotá (2.600 metros más cera de las estrellas, según el alcalde Peñalosa) y donde se ha instalado gran parte de la aviación civil general de Colombia, los entonces distribuidores para el país de los prestigiosos aviones Piper y Cessna - Aeroleaver y Aviones de Colombia empezaron, separadamente, una promisoria actividad: el primer intento firme de fabricar industrialmente aviones en esta parte del continente. 


Dos años más tarde, en 1969, encabezado por Osiris Silva, un decidido coronel de la Fuerza Aérea Brasileña, un esfuerzo similar se cumplía en San José dos Campos, una desconocida ciudad intermedia cercana a Sao Paulo, la gigantesca metrópoli industrial de Brasil.

Tres décadas después, para el principio del tercer milenio, los esfuerzos separados de colombianos y brasileños por fabricar aviones han tenido dos caminos completamente diferentes. Para el caso colombiano, y pese al optimista y poético aserto del alcalde Peñalosa, Aviones de Colombia S.A., una de las dos compañías que en 1967 iniciaron ese desafiante camino, no se encontraba cerca de las estrellas sino estrellada: para 1997 se había quebrado, luego de un impresionante desarrollo que logró su pico en 1978 cuando, bajo licencia de Cessna, manufacturó 98 aeronaves, que iban desde aviones de instrucción hasta poderosos bimotores.

La otra empresa, desarrollada por el grupo de Aeroindustrias Leaver, para ese mismo año ya había liquidado también sus programas de ensamble (cumplidos bajo licencia de Piper) y realizaba, desde el purgatorio, todos los esfuerzos imaginables por sacar adelante el programa de manufactura de un avión 100% colombiano: se trataba del Gavilán, avión que en 1994 había diseñado y certificado en 1998, incluso obteniendo Certificado Tipo (T.C.) estadounidense para la aeronave, aun antes que en Colombia, logro tecnológico sin precedentes en el país.

El lado feliz de la historia --el brasileño-- es bastante nombrado y se conoce mejor como la historia de la Empresa Brasileira de Aeronáutica, Embraer. A partir de la pequeña planta de ensamble desarrollada bajo licencia de Piper en 1969 (es decir, dos años después del comienzo de los programas privados colombianos), el proyecto brasileño --100% gubernamental entonces-- se ha convertido en uno de los cuatro fabricantes de aviones comerciales más grandes del mundo, cumple un enorme papel estratégico tanto en la economía como en la industria brasileña pues, entre otros grandes logros, actualmente es socio y proveedor de los más grandes gigantes aeroespaciales del planeta, el mayor exportador de Brasil (más de US$1.000 millones en 1999) y el mayor empleador fabril de la nación (genera más de 8.000 empleos directos).

Así que bienes tan diversos como buen café y excelentes aeronaves son hoy notables "trade marks" de Brasil mientras que, a duras penas, tan solo el primero se asocia prestigiosamente con la oferta exportable colombiana... ¿Qué nos pasó?

Por supuesto, para el "caso" colombiano no hay respuestas fáciles ni sencillas. Pese a importantes y obvias semejanzas, Colombia y Brasil presentan hoy grandes diferencias en muchos campos, aparte del idioma y la superficie.

Pero al comparar algunos aspectos que definen el desarrollo de las respectivas industrias aeronáuticas, es posible encontrar algunas claves más precisas sobre el porqué del doloroso fracaso colombiano y, consecuentemente, sobre las razones del impresionante éxito brasileño.

La historia detrás de la historia

Colombia y Brasil son los países de América Latina históricamente más involucrados en el desarrollo de la aviación, desde los primeros tiempos de esta industria. Sabemos bien que el acomodado hacendado brasileño Alberto Santos Dumont construyó y voló en Francia legendarios aeroplanos menos de tres años después (en 1906) de que los hermanos Wright lo hicieron con el famoso Flyer, pero a partir de diseños muy diferentes. Y que en Colombia, un grupo de empresarios, encabezados por Guillermo Echeverría Misas, fundó en Medellín la primera aerolínea del continente, en 1919. Los pioneros de la Compañía Colombiana de Navegación Aérea, CCNA, vieron de inmediato las inmensas posibilidades que las máquinas voladoras ofrecían, como herramientas de comercio y desarrollo, para estos países donde junglas inmensas y empinadas cordilleras presentaban enormes retos al transporte.

Pronto, la alianza colombo-alemana de SCADTA haría definitivamente posibles las operaciones regulares de vuelo que los aviones franceses de la CCNA no lograron, tanto que un entusiasta dirigente de los años 20 conminó a los colombianos a "saltar de la mula al avión". Y en alguna medida sus contemporáneos le hicieron caso.

Ya para mediados de la década de los 40 prácticamente todas las poblaciones de algún tamaño del país --y buena parte de las pequeñas-- contaban con vuelos regulares e, incluso, algunas se enlazaban con el resto de la nación solo gracias a ellos. De hecho, el maravilloso DC-3 era entonces tan extendidamente utilizado que, aún hoy, Colombia posee una de las mayores flotas de estas increíbles aeronaves que todavía vuelan en el mundo... ¡64 años después de haberse "estrenado" el primero!

En las décadas de los 50 y 60, en Colombia y en Brasil tuvo lugar un inusitado florecimiento de la denominada "aviación civil general". Y cuando, bajo la guía tenaz y luminosa del ex presidente Carlos Lleras Restrepo se creó el Pacto Andino, el mercado colombiano de aeronaves se vio de súbito ampliado a Venezuela, Chile, Perú y Bolivia, permitiendo así que nuestra industria aeronáutica desarrollara de inmediato su liderazgo regional, guiado entonces por James Leaver y Antonio Urdaneta, cuyas empresas --a las que se incorporaron sus familias y las de sus asociados Carlos Nivia y Héctor Gálvez, respectivamente-- acometieron el montaje de ambiciosas actividades de ensamble.

Tiempos de ensamble

Al principio, tanto en Colombia como en Brasil los conjuntos CKD eran importados casi en su totalidad de las fábricas estadounidenses y, obviamente, las aeronaves eran ensambladas bajo licencia y aseguramiento de calidad de Piper y Cessna. Paso a paso, tanto la ingeniería como la mano de obra colombianas transitaron del simple mantenimiento a las complejidades de manufacturar fuselajes, estructuras, bancadas, sillas, cableados, puertas, alas, acabados finales e, incluso, los sofisticados "jigs" y herramientas que se requerían en el proceso...

Muy pronto, la mayor parte de los aviones llegaron a incorporar, además de la mano de obra, hasta un 60% de componentes totalmente "made in Colombia". El modelo de ensamble colombiano se convirtió así en el primero del mundo en su género.

Para 1987, las dos compañías colombianas habían fabricado más de 1.500 aeronaves que iban desde los aviones agrícolas y de enseñanza hasta los más sofisticados bimotores corporativos, con ventas muy importantes tanto en los países del área Andina como en Argentina, Centroamérica y Africa.

Para entonces, mientras Aviones de Colombia se mantenía como una empresa totalmente privada, el grupo Leaver había logrado asociar, desde 1970, al gobierno colombiano (por medio del IFI y la Fuerza Aérea) en AICSA. El horizonte presagiaba cielos tranquilos y prosperidad para ambas empresas.

Algo similar sucedía entretanto en Brasil, donde Embraer ensamblaba aviones Piper. Pero adicional y previsivamente, los brasileños, bajo la pertinaz insistencia del coronel Silva, daban forma a dos muy importantes esfuerzos complementarios esenciales: de un lado, diseñaban sus propias aeronaves y, de otro, Itamaratí, la eficaz cancillería brasileña, buscaba cuidadosamente acuerdos bilaterales con Estados Unidos para que, en esencia, aceptaran los diseños de las aeronaves "made in Brasil" en Estados Unidos, de la misma manera que los aviones de diseño "made in USA" hacían lo propio en su país. Sobra ponderar la trascendencia de tales gestiones que después extendieron a otros estados.

La crisis

La Aviación Civil General ha sido tradicionalmente liderada por Cessna, Beechcraft (hoy Raytheon) y Piper. Sin embargo, a mediados de los 80, atravesó una severa crisis originada, fundamentalmente, en el exorbitante costo del seguro atinente a las responsabilidades del fabricante de aviones livianos en Estados Unidos, por supuesto y de lejos, el mayor mercado de aquellos en todo el mundo. Cessna decidió suspender la fabricación y Piper se acogió al famoso Chapter 11. La producción de aeronaves de aviación civil general alcanzó su pico en Estados Unidos en 1978, cuando se fabricaron un total de 17.811 unidades mientras que para 1985 la cifra estuvo por debajo de las 1.800.

Nace el Gavilán

Pero James Leaver y sus asociados no se dieron por vencidos. Bajo el liderazgo de Eric, el segundo de sus hijos y un tan brillante como tenaz ingeniero aeronáutico de 35 años, nacido en Bogotá y graduado con honores en Inglaterra, se propusieron hacer realidad un sueño en el que venían trabajando desde 1986, cuando detectaron un importante nicho de mercado para un monomotor utilitario competitivo, de fácil mantenimiento e innovadora tecnología, que llenara el enorme vacío dejado por los desaparecidos fabricantes estadounidenses. En otras palabras, quisieron convertir la adversidad en una oportunidad.

Así se diseñó, fabricó el prototipo, voló y obtuvo las certificaciones estadounidense y colombiana el Gavilán 358 en 1998, cumpliendo totalmente los requisitos de la autoridad aeronáutica más severa del mundo, la Federal Aviation Agency de Estados Unidos, FAA. Luego, se dedicaron a buscar socios y apoyos financieros para su empresa y los encontraron en el IFI, el BID por intermedio de la IIC, Colciencias y otros accionistas, incluyendo modestos aportes de la FAC.

El resultado fue un avión sorprendentemente exitoso. Versátil, de bajo costo (del orden de US$370.000), el Gavilán incorpora avances tecnológicos con más de 15 años de adelanto sobre sus inmediatos competidores; con todo, es sorprendentemente sencillo --y barato-- de operar y mantener. Una docena de gavilanes vuelan en la actualidad con un increíble 92% de disponibilidad en la línea. Y, sin embargo, en la actualidad este notable Gavilán colombiano lucha porfiadamente por sobrevivir, angustiosamente urgido del respaldo estatal adecuado al tamaño del sugestivo y promisorio horizonte al que apunta, el cual, dicho sea de paso, se asegura, en lo económico, con inversiones frescas no mayores a los US$10 millones. El Gavilán parece ser un esfuerzo que, insólitamente y a posteriori, le quedó grande a nuestro país, donde solemos "matar el tigre y asustarnos con el cuero". Entretanto Embraer, cuyos éxitos lo acreditan ya como miembro de las "grandes ligas" de la industria aeronáutica, se apresta a competir ahora en el exclusivo mercado de los "jets" para las grandes aerolíneas.

¿Qué puede explicar tan diferentes destinos? Intentemos algunas explicaciones.

Las diferencias entre Brasil y Colombia

Con todo y ser obvias, las distancias en las escalas de país no parecen ser la única explicación de la diferencia de resultados entre los esfuerzos por desarrollar una industria aeronáutica propia en Brasil, de un lado y Colombia, de otro. De una parte, porque para el tiempo en que se inició en forma la industria pionera del ensamblaje en Colombia en 1967, el país contó con el formidable instrumento del Tratado de Cartagena (Pacto Andino), que permitía considerar casi como propio un mercado ampliado de tamaño semejante al brasileño. De otra, porque, como ya se dijo, las industrias colombianas llevaban una ventaja de más de 2 años sobre Embraer en Brasil.

Los aspectos cruciales que finalmente marcaron la diferencia son los siguientes:

a. Valoración nacional del poder aéreo. El concepto de poder aéreo rebasa, en alcance y significado, el dominio de lo puramente militar al que se suele limitar. Entendido desde el punto de vista estratégico, el poder aéreo nacional se expresa más claro como la capacidad nacional de "hacer" aviación y no simplemente de "tener" una Fuerza Aérea más o menos importante, puesto que la ventaja estratégica reside sobre todo en la naturaleza y tamaño de la infraestructura aeronáutica no solo física, sino la expresada en términos de capacidad de generación de tecnología, investigación, conocimiento, formación, servicios y empleo; y, por supuesto, en capacidad industrial permanente y competitiva dentro del amplísimo conjunto de actividades que incluye o soporta la industria aeronáutica. Por ello, se puede afirmar que el poder aéreo nacional supone, en términos generales, la existencia en el país de recursos cualitativos y cuantitativos importantes involucrados de manera permanente en, por lo menos, cuatro grandes campos aeronáuticos específicos:

Uno, el estatal, en virtud del cual la aviación ocupa un lugar destacado en las prioridades del Estado y, por ello, las instituciones están en capacidad de generar políticas mancomunadas que valoren y reconozcan las actividades aeronáuticas como de alto interés público, lo cual se debe reflejar en leyes, tratados, convenios, regulaciones, mecanismos y recursos que las orienten y estimulen.

El segundo, la existencia de instrumentos de investigación, apoyo y gestión tecnológica, comprometidos en la generación permanente de conocimiento, formación de cultura y know how aeronáutico.

El tercero, la existencia de una industria aeronáutica manufacturera, mediante la cual el país esté en condiciones de construir competitivamente, en todo o en parte, las aeronaves y/o los componentes de ellas que puedan ser demandados en algún o algunos segmentos de este inmenso mercado.

El cuarto, el compromiso activo y vigoroso del transporte aéreo regular, la aviación militar y la aviación civil general de desarrollarlo. Subrayamos el papel de esta última pues es por medio de sus múltiples áreas (enseñanza, talleres de mantenimiento, aerotaxis, aviación experimental, agrícola, privada, ejecutiva, oficial y deportiva, servicios aéreos especiales) donde el conocimiento, la agregación de valor y la capacidad de innovación tecnológica de la industria aeronáutica se irrigan más amplia y profundamente en el conjunto de la sociedad.

La anterior organización temática quizás permite guiar mejor el análisis hacia el establecimiento de los factores que condujeron a resultados tan disímiles en el desarrollo de la industria aeronáutica en dos países del tercer mundo como Brasil y Colombia.

En términos generales, podemos adoptar como "línea de base referencial" el fin de la década de los 30, cuando Colombia y Brasil no mostraban diferencias significativas en su nivel de desarrollo aeronáutico, salvo tal vez en el tamaño relativo de sus flotas, tanto civiles como militares. En el último caso y por obvias razones, la brasileña debería ser significativamente mayor que la colombiana, pero no fue así, debido al apreciable número de aviones de entrenamiento y combate que Colombia adquirió a propósito del conflicto con Perú, en 1932. Sin embargo, mientras ya para 1941 Brasil contaba con un Ministerio de Aeronáutica, en Colombia los asuntos relativos a la aviación, tanto civil como militar, se orientaban desde una subalterna dependencia del Ministerio de Guerra, hasta 1948 cuando se creó la Empresa Colombiana de Aeropuertos (ECA). Entretanto, en esa época, los brasileños crearon el Centro Técnico Aeronáutico (CTA), a cuyo cargo estuvo la generación de proyectos, el Instituto de Entrenamiento Aeronáutico, ya para entonces en capacidad de formar incluso ingenieros aeronáuticos y el Instituto de Pesquisas de Desenvolvimiento (IPD), trípode institucional que soportaría el resonante éxito aeronáutico del país en los años futuros. En Colombia, apenas en 1960 se contó con una autoridad aeronáutica relativamente fuerte y autónoma, el Departamento Administrativo de Aeronáutica Civil (DAAC), una suerte de Ministerio Civil de Aeronáutica, que nunca tuvo capacidad de generar verdadera Política Aérea pero sí poderosa burocracia de mentalidad predominantemente reglamentarista y policiva; en el campo de Investigación y Desarrollo, el DAAC no realizó ningún esfuerzo importante y comprometió sus recursos en la construcción y administración de aeropuertos, muchos de ellos de altísimo costo o discutible justificación práctica, como se demostraría a la postre. A pesar de ello y frecuentemente a contrapelo de la voluntad del DAAC, la tenacidad de la iniciativa privada permitió levantar en Colombia un importante conjunto de aerolíneas regulares (cerca de una docena para mediados de los 70); floreció también, en casi todas sus modalidades, la Aviación Civil General.

b. Capacidad gubernamental de identificación y gestión de industrias con vocación estratégica. El impresionante desarrollo que tuvo en Colombia la industria de ensamblaje de aeronaves a partir de 1967, se explica esencialmente por dos afortunadas circunstancias confluyentes: de un lado, la existencia de un próspero, maduro y audaz segmento de aviación civil general, en capacidad de generar confianza suficiente en los principales fabricantes estadounidenses de aviones livianos y utilitarios (Cessna y Piper) como para obtener las licencias de manufactura respectivas; y, de otro, como ya se dijo, la creación del Acuerdo de Cartagena, mediante el cual los fabricantes colombianos tuvieron al alcance, además de su propio e importante mercado, los de Bolivia, Chile en ese momento, Ecuador, Perú y Venezuela.

Con todo y que el grupo de aeroindustrias Leaver buscó y obtuvo el patrocinio del gobierno colombiano para la naciente industria mediante la participación accionaria del Instituto de Fomento Industrial (IFI), el cual aportó el 49% del capital requerido para la nueva empresa de ensamblaje, Aeroindustrial Colombiana S.A. (AICSA) y la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) la cual aportó, casi simbólicamente, un 1,5% del capital, la participación económica del gobierno colombiano para desarrollar la industria aeronáutica manufacturera del país no llegó a US$1 millón. Años más tarde, cuando en 1994 se puso en marcha El Gavilán S.A., de nuevo el IFI y la FAC participaron en el proyecto suscribiendo el 26,11% y el 1,14% del capital respectivamente, esta última por medio de su empresa Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana (CIAC); ambos aportes sumaban US$1,1 millones, a los cuales habría que agregar créditos blandos del IFI por el orden de US$600.000. Las modestas cifras anteriores adquieren toda su relevancia cuando se comparan con el porcentaje y monto del capital estatal de riesgo vinculado por el gobierno brasileño a Embraer, la cual, desde 1969 hasta el momento de su privatización en 1994, fue casi 100% de propiedad oficial, pese a que a lo largo de todos esos años no fueron pocas las crisis financieras que la empresa debió sortear.

Para ilustrar la situación, basta citar algunas de las cifras conocidas a raíz de la privatización de Embraer, cuando un consorcio brasileño adquirió el 45% de las acciones de la empresa por US$89 millones; entonces, el gobierno brasileño asumió US$700 millones de la deuda de la empresa, recapitalizó otros US$350 millones y, además de fijar un precio muy bajo para sus acciones en reserva de la compañía, permitió que le fueran pagadas en bonos que se vendían entonces apenas al 50% de su valor nominal. Para ese momento, la fuerza laboral directa de la compañía se acercaba a los 13.000 empleados.

c. Instrumentación, articulación y estabilidad de políticas. Gran parte del actual éxito de Embraer se explica también por el hecho de que en Brasil lograron sincronizar y mantener estables varios elementos complementarios de política, presentes en el escenario de negocios de Embraer. En efecto, desde mediados de los años 70, Brasil mantuvo en vigor una rigurosa política de sustitución de importaciones al mismo tiempo que adelantaba un audaz y bien instrumentado plan de desarrollo de su capacidad exportadora, en especial de sus manufacturas. Además, se estableció que las corporaciones brasileñas podían deducir hasta el 1% de sus impuestos cuando adquirieran cifra semejante en acciones de Embraer. Este esquema le permitió a la compañía capitalizarse en cerca de US$350 millones adicionales entre 1970 y 1985. Más del 50% de la flota de la Fuerza Aérea Brasileña está hoy conformada por aviones fabricados por Embraer.

Las cosas eran ---y son todavía-- bien distintas para los fabricantes colombianos. De un lado, es bien sabido que la primera pregunta que hacen los compradores foráneos de aeronaves es cuántos aviones han sido comprados en el país del fabricante. Sin ir más lejos, baste decir que para el caso del Gavilán apenas un total de cinco aviones han sido comprados por entidades del Gobierno nacional, pese a que es socio sustantivo de la empresa y en todas partes se reconoce la excelencia del producto.

Lo anterior se vuelve dramático si se tiene en cuenta que los compradores colombianos de aviones colombianos, hasta fecha reciente, debían pagar, al nacionalizar su aeronave, el arancel correspondiente a una fabricada en el exterior... Pero, además, debían sumar un IVA del 60% cada vez que se registre cualquier compraventa del bien.

En 1998, el Gobierno y el Congreso Nacional aceptaron reducir dicha tarifa a la general del IVA del 15%. De otro lado, las exportaciones colombianas de aeronaves no gozaron de estímulo diferente a los beneficios generales del denominado "Plan Vallejo", por el cual, como es sabido, las materias primas, partes y equipos importados requeridos para la fabricación solo pagan el arancel correspondiente en el momento en que el bien es nacionalizado.

Pero quizás la diferencia más importante entre el fabricante brasileño y el colombiano de aeronaves resida en la manera como la autoridad aeronáutica de cada país percibe que debe ser su posición frente a la industria. Mientras en el primer caso, el Ministerio de Aeronáutica brasileño se comprometió resueltamente en la búsqueda de recursos, apoyo tecnológico y desarrollo de acuerdos bilaterales con otros países que le abrieran espacio y mercado a la producción aeronáutica de Brasil, la Unidad Administrativa de Aeronáutica Civil (UAAC) de Colombia solo certificó el Gavilán una vez el avión había logrado un Certificado Tipo (TC) en Estados Unidos.

Y para 1999, el director de la UAAC, urgido por el afán de obtener la certificación aeronáutica estadounidense del país, informó lamentablemente al Congreso colombiano que su unidad "no certificaría la producción del avión colombiano pues no disponía de la capacidad técnica para hacerlo", tal como lo demandaba la FAA de Estados Unidos que es, como quedó dicho, país de origen de la primera certificación del mismo Gavilán pero también de gran parte de los productos que este avión amenaza competir con éxito en el mercado mundial.

Una firma consultora de Estados Unidos estimó en 1998 que el Gavilán estaba en condiciones de colocar en el mercado mundial, entre 1999 y 2008, hasta 1.500 aviones, solamente del modelo 358, sin contar el mercado para el promisorio modelo de turbina (508T) y otras versiones en diseño a partir del primero. En dólares, la sola producción de ese número de aeronaves representaría para Colombia ventas en el exterior por valor superior a los US$500 millones.

¿Fin de la historia?

El diagnóstico 

De acuerdo con un estudio de la Corporación Calidad, solo el 10% de las publicaciones de facultades universitarias editadas entre 1965 y 1998 corresponde a investigación de campo.

Cinco facultades del país concentran el 50% de las publicaciones investigativas y siete facultades, el 75%.

De los 352 autores incluidos en el estudio, apenas el 4% contabilizó más de cinco trabajos impresos.

El reto

Es necesario desarrollar iniciativas investigativas agresivas en las universidades, vincular más profesores de tiempo completo y con doctorados de los programas más prestigiosos del mundo.

Revivir los grupos de análisis para fomentar el intercambio entre profesores.



Fuente: dinero.com