viernes, 17 de junio de 2016

Crímenes del gobierno de Al Assad​


55.000 disparos contra Al Assad

Cadáveres yacen en el garaje del Hospital Militar 601 de Mezze, en Damasco. 'CÉSAR'


El drama de los que se quedaron, y murieron a manos del régimen

Lo denuncia César, (nombre clave) quien trabajó para Al Asad
No pudo más y desertó llevándose consigo 55.000 fotos de sirios asesinados

GARANCE LE CAISNE
17/06/2016 10:13

"No encuentro palabras para expresar lo que siento. La comunidad internacional nos ha abandonado. La comunidad internacional abandona a los sirios". César es un hombre herido. Casi tres años después de haber filtrado las fotos de miles de prisioneros a los que mataron de hambre o por medio de torturas en los centros de internamiento del régimen, este ex fotógrafo militar ya no cree en el sistema internacional y se siente impotente y "desesperado".

Y añade: "Mis compañeros y yo arriesgamos nuestras vidas para mostrarle al mundo las atrocidades cometidas por el régimen. Aquellos a los que mataron tras haberlos torturado nos confiaron la responsabilidad de ser su voz, de hablar de su tragedia. Hemos llamado a numerosas puertas, pero en todas nos han dado con ellas en las narices. Y yo sigo escuchando a los miles de detenidos asesinados que me dicen: "¿Qué has hecho con todo lo que sabes?". Por eso, sólo me queda pedirles perdón".

César no era un activista. Cuando su superior le pidió a su equipo de fotógrafos militares que tomasen fotos de los cadáveres de los detenidos asesinados, con el fin de alimentar los archivos del régimen, César quiso desertar. Era la primavera del 2011, poco después de que se desencadenase la revolución siria. Uno de sus mejores amigos lo persuadió para que se quedase.

Ingeniero de la construcción en Damasco antes de la guerra, Dami, su amigo, sí que era un activista y convenció a César de la necesidad de quedarse con una copia de esas fotos, futuras pruebas de los crímenes del régimen. Y ayudó a su amigo durante dos años, hasta el verano del 2013. Y le sigue ayudando, todavía hoy, en el exilio y a pesar de la decepción que sienten ante la inoperancia de la comunidad internacional y la desunión de las fuerzas opositoras al régimen sirio. Incluso se sienten traicionados por una parte de estas fuerzas opositoras, a las que consideran únicamente interesadas por "el juego político", olvidando "la sangre de los sirios".

Fotografía militar


Sami es el que mejor conoce al fotógrafo militar desertor. "Como todos los sirios, antes de la revolución, César era un hombre normal, amable y que cuidaba a su familia. Asumía sus responsabilidades y amaba su vida. Al principio, no se dio realmente cuenta de la aventura en la que se metía cuando decidió guardar las pruebas. Después de lo que vio en el seno del régimen y después de constatar la inoperancia de la comunidad internacional, la vida se convirtió para César en algo que hay que soportar, simplemente".

Mayss el Zoubi lo entiende perfectamente. Refugiada en Turquía, esta joven trabaja para Ana Press, un grupo de periodismo ciudadano que informa sobre Siria. Cuando estalló la revolución en marzo de 2011, vivía en Damasco en el hogar de una familia bien situada. Gracias a sus redes familiares y a miles de vídeos subidos a Internet, descubre lo que está pasando realmente.

Desde el momento en que se producen las primeras manifestaciones pacíficas, en un país sin medios independientes y donde la prensa extranjera no puede trabajar libremente, los sirios quieren dar testimonio de la represión del régimen. Ante la multiplicación de la violencia, otros deciden guardar pruebas de los crímenes cometidos contra los civiles.

"Queríamos contarle al mundo lo que estaba pasando -explica Mayss el Zoubi-. Creíamos que el mundo haría algo para parar la violencia, detener al régimen, a sus bandas y a sus milicias... Lo que nos estaba pasando era algo increíble. Primero, dispararon contra los manifestantes y, después, sacaron los tanques a las calles". Como otros muchos compatriotas, en ese momento inicial de la revolución Mayss está convencida de que el régimen tiene las horas contadas. Pero, después de los tanques, llegaron los misiles lanzados contra las zonas ocupadas por la oposición armada, así como los bombardeos de la aviación.

"Pensábamos ingenuamente que la comunidad internacional iba a intervenir, que no iba a consentir al régimen que utilizase bombarderos contra su propia población, pero no hizo nada. Después, llegaron los ataques químicos. Y el mundo siguió impertérrito ante los barriles de agentes químicos lanzados sobre la población. El mundo sigue sin moverse. Y esto es sólo lo que puede verse. Porque nadie habla de lo que está pasando en el interior de las cárceles. César arriesgó su vida para mostrarlo. Si le llegan a pillar, habría sido torturado y asesinado. Tanto él como toda su familia".

Mayss trabajó durante un tiempo para la ONG Witness (Testigo), que ayuda a los sirios para que puedan guardar pruebas de las atrocidades del régimen. Es decir, que aprendan a recoger pruebas irrefutables de un crimen de guerra -y no contentarse sólo con testimoniar el sufrimiento de la población-, captar las instantáneas adecuadas o grabar los escenarios en 360 grados para poder geolocalizarlos. O filmar los detalles de un centro de detención o registrar el voltaje de un aparato eléctrico de tortura. O colocar una regla o un objeto estándar como un bolígrafo o un billete sobre el cadáver de un detenido, para ilustrar la amplitud y la gravedad de sus heridas...

Crímenes contra los civiles


Durante cinco años, los recogedores de pruebas y las organizaciones sirias han avanzado muchísimo en esta labor. Cientos de vídeos, de documentos y de testimonios de crímenes contra los civiles, cometidos por el régimen o por el Daesh, han sido enviados a las organizaciones de derechos humanos, a la ONU y a los servicios de inteligencia. Pero el tiempo de la justicia no es el de la política.

El informe César se paseó por diversas cancillerías occidentales en 2014. De París a Ginebra, pasando por Washington. Francia intentó enviar al informe al Tribunal Penal Internacional y, para eso, pidió una votación en el Consejo de Seguridad de la ONU. Siria no firmó el Estatuto de Roma, que creaba este tribunal, y, por lo tanto, se necesitaba una resolución del Consejo de Seguridad para que pudiera hacerse cargo del caso sirio. Pero el 22 de mayo de 2014, Rusia, indefectible aliada de Damasco, lo vetó.

Para Sami, el amigo de César, este veto no sólo le decepcionó, sino que le ocasionó una crisis de confianza total en las instituciones internacionales. "Pensábamos haber hecho una investigación seria y creíble sobre los crímenes que, todavía hoy, se están cometiendo en Siria -cuenta hoy Sami-. Y nos quedamos sorprendidos de que un país del Consejo de Seguridad pueda decir: "Veto". Esta pequeña palabra significa que los sirios inocentes asesinados derramaron su sangre en vano. Este veto es político. En ese momento, perdimos cualquier esperanza en la comunidad internacional. En realidad, no existe la tal comunidad internacional".

La expansión del Daesh


Pero Francia no ceja en su empeño. París repite incansablemente que el principal criminal en Siria es el régimen de Bashar al Asad y que los crímenes del Estado engendraron la violencia y favorecieron la expansión del Daesh. "No basta con estar convencidos y con tener razón para ganar -dicen en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia respecto al rechazo del Consejo de Seguridad-. Es cierto que las instancias internacionales no fueron capaces de encontrar una solución para Siria y para su pueblo, que da muestras de una extraordinaria generosidad y capacidad para afrontar las peores dificultades. Pero tampoco podemos tirar la toalla, porque, en este caso, también sigue habiendo algunas cosas que avanzan en la buena dirección".

En efecto, en el verano de 2015 el Ministerio de Exteriores francés recuperó las 53.275 fotografías del informe César y se las entregó al Tribunal de Primera Instancia de París. El 15 de septiembre de 2015, basándose en este informe, la sala sobre los genocidios del Tribunal de París abrió una investigación preliminar por "crímenes contra la humanidad cometidos en Siria entre 2011 y 2013".

Es un paso importante y, sin embargo, hay pocas probabilidades de que la investigación concluya con algún tipo de condena. A diferencia de otros países europeos, como Alemania, Francia no dispone de un tribunal con competencia universal para crímenes de genocidio o contra la humanidad. Nunca se va a ver en Francia a un juez imputando a Bashar al Asad, como hizo el juez español Baltasar Garzón con el general chileno Augusto Pinochet.

Para que el proceso se desarrolle, los investigadores de la sala de los genocidios tienen que encontrar una víctima francesa o franco-siria entre los 6.786 detenidos que fueron asesinados por el régimen y cuyas fotos aparecen en el informe César. Una misión casi imposible.

Durante este tiempo, se han puesto en marcha procesos contra los rebeldes sirios o contra los europeos simpatizantes del Daesh que se fueron a combatir con ellos a Siria. Para muchos sirios, la falta de procedimientos contra los criminales del régimen sirio es absolutamente incomprensible. Tanto más cuanto que Naciones Unidas y organizaciones internacionales de derechos humanos publicaron informes concluyentes sobre los crímenes del régimen, que convierten la documentación de César en más definitiva todavía.

Titulado Si los muertos pudieran hablar: muertes masivas y tortura en los centros de detención de Siria, el informe de Human Rights Watch, publicado el 16 de diciembre de 2015, presenta pruebas claras de la autenticidad de las fotografías atribuidas a César, identifica a una parte de las víctimas mortales (27) y saca a la luz algunas de las principales causas de sus muertes.

Unas semanas después, la comisión de investigación independiente de la ONU sobre Siria publicaba un informe sobre la tortura sistemática en las cárceles y en los centros de detención del régimen. Titulado Lejos de la vista, lejos del corazón: muertes de detenidos en la República Árabe Siria, el informe aporta 621 entrevistas y examina las condiciones de detención entre el 10 de marzo de 2011 y el 30 de noviembre de 2015. Según la ONU, el régimen practica una política de exterminio de prisioneros que bien podría calificarse de "crimen contra la humanidad".

Como recuerda, una vez más, César: "Lo que pasa en mi país no es una cuestión sólo siria, ni concierne sólo a los árabes y a los musulmanes. Es una tragedia para toda la humanidad".

'Operación César', libro de la periodista francesa Garance Le Caisne, se publica en España esta semana (ediciones B).

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