domingo, 12 de febrero de 2017

El Museo Nacional de Colombia, una obra arquitectónica con mucha historia


Paola Rueda Polo / Redacción
Carlos Amaya / Fotografías

Este año cumplió 193 años, es el museo más antiguo del país y uno de los más antiguos de América. Se encuentra ubicado en el Centro Internacional de Bogotá, entre la carrera séptima y la sexta, entre las calles 28 y 29.

Su actual sede, una edificación que nació con un fin totalmente diferente, tiene unas características arquitectónicas y de diseño espaciales y es el único de su tipo en la ciudad. Allí ya lleva 68 años y en su interior no solo alberga la historia del país, sino que el edificio en sí tiene muchos relatos que contar.


Su nacimiento


El Museo Nacional de Colombia nació por iniciativa de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, en una época en la que se libraban varias batallas para lograr la independencia. 

“La idea original del museo, que se llamaba Museo de Historia Natural y Escuela de Minas, era lograr un reconocimiento del territorio y de sus riquezas naturales y minerales y con ellas poder sustentar el proyecto de República que en ese entonces se estaba desarrollando”, cuenta Alejandro Suárez, monitor docente del área educativa y cultural del Museo Nacional.


Su inauguración fue el 4 de julio de 1824 en lo que era la antigua Casa Botánica, una edificación que hoy en día no existe y en donde actualmente quedan los jardines del Palacio de Nariño. 

Posteriormente, el Museo ocupó otras sedes como el edificio Pedro Alfonso López, lugar en el que se encuentra el Ministerio de Agricultura; la Casa de las Aulas, hoy sede del Museo Colonial; el edificio Pasaje Rufino Cuervo, que ya no existe; entre otras. 

Luego de los diferentes emplazamientos en los que estuvo, el Museo Nacional se trasladó a su actual sede en 1948.


El edificio, su arquitectura e historia

La construcción en la que se encuentra el Museo nació como una cárcel, conocida como el Panóptico de Cundinamarca aunque su nombre real era Penitenciaría Central de Cundinamarca. 

Fue diseñado hacia 1850, durante el primer gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera, por el arquitecto danés Thomas Reed, quien también diseñó en Bogotá el Capitolio Nacional. Pero se construyó hasta 1874.

La palabra panóptico proviene de dos palabras griegas: pan, que significa todo, y óptico, que se refiere a la posibilidad de ver.

“El edificio no es un panóptico como el que se podría encontrar descrito en otros lugares, que se trata de una serie de edificios de forma circular con una torre de vigilancia en el centro donde el guardia tenía acceso para poder vigilar todas las celdas. En este caso se trata de un panóptico radial desde el cual los guardias desde el centro podían tener acceso no a todas las celdas, pero sí a una vista panorámica general de los rastrillos, que es donde hoy en día se encuentran las salas y donde anteriormente estaban ubicadas cada una de las celdas de los presos”, afirma Suárez.


La característica de panóptico radial se la da su forma en cruz. Su estilo arquitectónico es republicano, el cual está marcado por los arcos y las columnas. Y por el ancho de las paredes y la forma en la que se construyeron se nota una herencia española.


“La técnica de construcción se conoce como mampostería mixta. Y los mompostes son como esos elementos constitutivos, que en el caso del edificio son piedra y ladrillo”.


Sede del Museo Nacional

“Cuando inició la construcción de la cárcel, este lugar quedaba a las afueras de Bogotá. Conforme fue pasando el tiempo, el lugar empieza a quedar en el Centro Internacional que hoy conocemos y es necesario pensar entonces en una alternativa diferente para recluir a los prisioneros de la capital”, afirma Suárez. 

Por estar en el centro de la ciudad y por haber superado su capacidad de 204 presos, hacia 1940 se ve la necesidad de tener un espacio más grande y alejado, por lo que se piensa en el proyecto de La Picota. 


En 1946 trasladan los reclusos a la nueva cárcel y el Gobierno Nacional decidió que este edificio sería utilizado para fines culturales

Durante dos años se hicieron varias restauraciones e intervenciones arquitectónicas, entre ellas: las escaleras y la destrucción de cerca de 210 muros.


Su apretura como Museo se tenía prevista para el 9 de abril de 1948, “para poder tener un espacio digno donde los diferentes invitados de la Novena Conferencia Panamericana pudieran reconocer la historia del país”, comenta Suárez.

“Sin embargo, por lo sucedido ese día (el conocido ‘Bogotazo’ tras el asesinato del líder del Partido Liberal Colombiano Jorge Eliécer Gaitán) fue necesario abrir las puertas hasta el 2 de mayo del mismo año”, agregó.

Tras las reformas para su inauguración en 1948, ha tenido otras intervenciones y transformaciones para que el Museo funcione mejor pero siempre respetando la arquitectura original del edificio.


Características y oferta cultural

Una de las razones por las que se tomó la decisión de poner en esta edificación al Museo Nacional fue tener un espacio lo suficientemente amplio para albergar las colecciones.


Cuenta con 18 salas, una de exposiciones temporales y 17 salas de exposición permanente en las que se exhiben sus cuatro colecciones: arqueología, etnografía, historia y arte. También tiene el auditorio Teresa Cuervo Borda, en homenaje a la directora del Museo Nacional que lo instaló en esta sede, un espacio para talleres, un restaurante y dos jardines.

Además, “la iluminación del espacio y el clima del edificio en su interior permite que haya una conservación de las piezas, que es uno de los objetivos del Museo Nacional, poder garantizar la preservación y la conservación del patrimonio cultural que se encuentra almacenado al interior”, asegura Suárez.

Patrimonio nacional

El 11 de agosto de 1975, el Gobierno lo declaró patrimonio cultural de la nación.


“El edificio por sí mismo, aparte de su estilo arquitectónico, de la forma en que fue construido, tiene un valor fundamental para la historia de país”, pues la cárcel funcionó en momentos importantes para la historia de la nación como lo fueron la Guerra de los Mil Días, la guerra con Perú y otros conflictos del siglo XIX. Además, en sus paredes quedaron plasmados recuerdos de los presos que pasaron por el lugar.

Y precisamente por su importancia, “la curaduría del museo ha entendido que historia del panóptico, es fundamental. Entonces hay algunos lugares, como la bóveda de orfebrería, que ofrecen una pequeña mirada a esa historia a partir de una serie de grafismos. Lo mismo sucede en la sala número 16, donde se puede observar un espacio dedicado a una celda, en la que se encuentran exhibidos unos objetos que hablan sobre ese momento”, aseguró Suárez.


El último domingo del mes, que es el domingo de patrimonio, visitan el museo en promedio unas 3.500 personas.

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